En el principio fue el sustantivo. No había verbos.
Nadie decía: «Voy a la casa». Decía simplemente: «casa» y la casa venía a él. Nadie decía «te amo». Decía simplemente «amor» y uno simplemente amaba.
En el principio era mejor.
Deja que en tu vida entre el enigma de la lectura de lo asombroso, lo otro, lo oculto, lo que siempre acecha a un paso de tu hombro izquierdo, el escalofrío que percibiste con el rabillo del ojo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario