Deja que en tu vida entre el enigma de la lectura de lo asombroso, lo otro, lo oculto, lo que siempre acecha a un paso de tu hombro izquierdo, el escalofrío que percibiste con el rabillo del ojo.
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¿Dónde están los dioses? - Ernesto Laureano
—¿Dónde están los dioses? —preguntó el Pequeño, mientras se ocultaba con su familia en la caverna, de aquella noche de tormenta primordial.
Luego, el Pequeño preguntó a su tribu:
Y el Joven preguntó a su pueblo, mientras reía a orillas del río:
Y el Hombre preguntó a los suyos:
Y el Hombre descubrió el origen de su forma. Aprendió a crear vida en sus laboratorios, con respeto y sabiduría...
Y el Hombre preguntó con desconfianza:
Y el Hombre aprendió a amar a todo ser viviente que pisara el mundo o viviera fuera de él. Con amor, sus ojos se volcaron a las artes, y ellas las alas del espíritu humano acicalaron con ternura...
Y el Hombre preguntó a los niños que ayer reían, y ahora eran hombres que odiaban:
Y el Hombre preguntó al polvo de su cultura, a las ovejas sociales de su época:
Y el Anciano preguntó a la multitud solitaria:
Y el Anciano preguntó:
Y a medida que el Anciano buscaba a los dioses, iba creando en el camino nuevos cielos y nuevas tierras; nuevos espacios y tiempos. Y en un pequeño mundo azul, que él había creado, hubo una tormenta primordial, antigua y perfecta. Y en ese pequeño mundo azul, el Anciano escuchó a un Pequeño preguntar algo que lo hizo sonreír y descansar:
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