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Dulces para esa dulzura - Robert Bloch

Irma no tenía figura de bruja. Tenía unos rasgos menudos, regulares, un cutis melocotón y crema, ojos azules, y cabello rubio, casi ceniciento. Además, era una niñita de ocho años. —¿Por qué la fastidia así? —sollozaba miss Pall—. De este modo le vino la idea, al principio: porque él la llama brujita. Sam Steever acomodó nuevamente la voluminosa barriga en el crujiente sillón giratorio y plegó las gordas manos sobre el regazo. Su adiposa máscara de abogado permanecía impasible; pero estaba bastante afligido. Las mujeres como miss Pall no deberían sollozar nunca. Las gafas les resbalan, la delgada nariz se les encoge, los arrugados párpados se les enrojecen y el lacio cabello se les desordena. —Por favor, domínese —invitaba Sam Steever—. Quizá si discutiéramos ese asunto, desde el principio hasta el fin, de una manera sensata... —¡No me importa! —miss Pall se sorbía las lágrimas—. Yo no vuelvo allá. No lo soporto. Y a fin de cuentas, tampoco puedo hacer nada. Aquel hombre es...

Amanecer - Robert Bloch

En el cielo silbaron las cabezas de torpedo cargadas con explosivos, y el fragor de su paso hizo temblar la montaña. En las profundidades de su abovedado santuario, el hombre permanecía sentado, deifico e inescrutable, enterado de todo lo que estaba sucediendo. No tenía necesidad de salir desde su refugio para contemplar el cielo. Sabía lo que estaba sucediendo: lo supo desde aquella noche en que el Sol parpadeó y se apagó. Un anunciante, embutido en la bata blanca símbolo de las artes curativas, estaba emitiendo un importante mensaje acerca del laxante más popular del mundo: el que la mayoría de la gente prefería, el que cuatro de cada cinco médicos usaban personalmente. En medio de su elogio de aquel nuevo y sorprendente descubrimiento, hizo una pausa para advertir al auditorio que se dispusiera a escuchar un boletín especial. Pero el boletín no llegó; un momento después, la pantalla ennegreció y rugió el trueno. Durante toda la noche, la montaña tembló, y el hombre sentado tembló ta...