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Dulces para esa dulzura - Robert Bloch

Irma no tenía figura de bruja. Tenía unos rasgos menudos, regulares, un cutis melocotón y crema, ojos azules, y cabello rubio, casi ceniciento. Además, era una niñita de ocho años. —¿Por qué la fastidia así? —sollozaba miss Pall—. De este modo le vino la idea, al principio: porque él la llama brujita. Sam Steever acomodó nuevamente la voluminosa barriga en el crujiente sillón giratorio y plegó las gordas manos sobre el regazo. Su adiposa máscara de abogado permanecía impasible; pero estaba bastante afligido. Las mujeres como miss Pall no deberían sollozar nunca. Las gafas les resbalan, la delgada nariz se les encoge, los arrugados párpados se les enrojecen y el lacio cabello se les desordena. —Por favor, domínese —invitaba Sam Steever—. Quizá si discutiéramos ese asunto, desde el principio hasta el fin, de una manera sensata... —¡No me importa! —miss Pall se sorbía las lágrimas—. Yo no vuelvo allá. No lo soporto. Y a fin de cuentas, tampoco puedo hacer nada. Aquel hombre es...

El Cascanueces y el rey de los ratones - E. T. A. Hoffmann (parte 6)

  El reino de las mu ñ ecas Me parece a m í , queridos lectores, que ninguno de vosotros habr í a vacilado en seguir al buen Cascanueces, que no era f á cil tuviese prop ó sito de causaros mal alguno. Mar í a lo hizo as í , con sumo gusto al contar con el agradecimiento de Cascanueces; estaba convencida de que cumplir í a su palabra haci é ndole ver multitud de cosas bellas. Por lo tanto, dijo: — Ir é con usted, se ñ or Drosselmeier, pero no muy lejos ni por mucho tiempo, pues no he dormido nada. — Entonces tomaremos el camino m á s corto, aunque sea el m á s dif í cil — respondi ó Cascanueces. Y ech ó a andar delante, sigui é ndole Mar í a, hasta que se detuvieron frente al gran armario ropero del recibimiento. Mar í a se qued ó asombrada al ver que las puertas del armario, habitualmente cerradas, estaban abiertas de par en par, dejando al descubierto el abrigo de piel de zorra que el padre usaba en los viajes y que colgaba en primer t é rmino.  Cascanueces trep ó...