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Mostrando las entradas etiquetadas como Las mil y una noches

Los dos perros - Las mil y una noches

  Sabe, ¡oh señor de los reyes de los efrits! [ Efrit: astuto, sinónimo de genio] que estos dos perros son mis hermanos mayores y yo soy el tercero. Al morir nuestro padre nos dejó en herencia tres mil dinares.         Yo, con mi parte, abrí una tienda y me puse a vender y comprar. Uno de mis hermanos, comer­ciante también, se dedicó a viajar con las caravanas, y estuvo ausente un año. Cuando regresó no le quedaba nada de su herencia. Entonces le dije: "¡Oh hermano mío! ¿no te había aconsejado que no viajaras?"         Y echándose a llorar, me contestó: "Hermano, Alah, que es grande y poderoso, lo dispuso así. No pueden serme de provecho ya tus palabras, puesto que nada tengo ahora".        Le llevé conmigo a la tienda, lo acom­pañé luego al hammam   (baño público) y le regalé un magnífico traje de la mejor clase. Después nos sentamos a comer, y le dije: "Hermano, voy a ha...

El cuento de la gacela - Las mil y una noches

       Sabe, ¡oh gran efrit! [ Efrit: astuto, sinónimo de genio] que esta gacela era la hija de mi tío [ Por eufemismo suelen llamar así los árabes a sus mujeres. No dicen sue­gro, sino tío; de modo que la hija de mi tío equivale a mi mujer. ]  carne de mi carne y sangre de mi sangre. Cuando esta mujer era todavía joven, nos casamos y vivimos juntos cerca de treinta años. Pero Alah no me concedió tener de ella ningún hijo. Por esto tomé una concubina, que, gracias a Alah, me dió un hijo varón, más hermoso que la luna cuando sale. Tenía unos ojos magníficos, sus cejas se juntaban y sus miembros eran perfectos. Creció poco a poco, hasta llegar a los quince años. En aquella época tuve que marchar a una población lejana, donde reclamaba mi presencia un gran negocio de comercio.        La hija de mi tío, o sea esta gacela, estaba iniciada desde su in­fancia en la brujería y el arte de los encantamientos. Con la ciencia de su magia tra...

Las mil y una noches

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¡Porque lo que está escrito, escrito queda; nada lo borrará! ¡Y aquello que está escrito no hay razón para temerlo ya!