La inquilina - Avram Davidson
Balto, el propietario del barrio, un hombrecito de nariz larga y peluda con traje gris, contrató a Edgel. Bueno, no de manera fija, pero de vez en cuando Balto le encargaba algún trabajo. Edgel era bastante alto, andaba un poco encorvado y por esto había conseguido una pensión por incapacidad física, que se gastaba en bebidas que sólo podían sentarle mal. A menudo, cuando tenía el rostro abotargado y rubicundo a causa del licor ingerido, bajaba la vista y allí estaba Balto. Persuasivamente, Balto le decía que ésa no era vida apropiada para él, que así no tenía futuro, y que debía buscar algo que hacer. Pero Edgel jamás necesitaba ser persuadido, ya que asentía a todo plenamente. Y así se iba a trabajar para Balto como agente cobrador en alguno de los edificios de los que Balto sacaba grandes sumas de dinero. Y se imaginaba que era un ser respetable. A menudo, claro, resultaba que en la casa a la que Balto le encargaba ir a cobrar, había un inquilino que, por un motivo u otro, ha...