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Mostrando las entradas etiquetadas como Doctor

La prueba - H. G. Ewers

Toby Warwick tenía miedo. Dos horas antes se había separado disimuladamente de sus compañeros de clase, porque con su alboroto ahuyentaban a los animales del bosque, que a él tanto le gustaba obser­var. Ahora, en cambio, añoraba la presencia de sus ruidosos amigos. Pero eso no tenía remedio. Toby se había extraviado.  Sin duda la señora Barlett, su profesora, habría observado ya su desaparición. Toby se imaginó durante unos momentos cómo le llama­ban todos. Algo absurdo, porque era sordo de naci­miento. No era la primera vez, en sus trece años de vida, que Toby se daba cuenta de lo que le dife­renciaba de los demás, pero nunca había sentido tan profundamente su desgracia como ahora. Dentro de su mala fortuna, sin embargo, Toby podía considerarse dichoso. La gran suerte del mu­chacho se llamaba Gardner Warwick y era su pa­dre, que con inagotable paciencia había ido ense­ñando al niño el difícil arte de leer en los labios, de modo que Toby podía asistir a la misma escuela que los...

El mal - Silvina Ocampo

Una noche rodearon la cama contigua con biombos. Alguien explicó a Efrén que su vecino estaba agonizando.    Ese vecino perverso no sólo le había robado la manzana que estaba sobre la mesa de luz, sino el derecho a gozar de la protección de esos biombos, en cuya otra faz había seguramente pintadas flores y figuras de querubes.    Esta circunstancia oscureció la alegría de Efrén. Asimismo, con sábanas y frazadas para cubrirse, estaba en el paraíso. Veía de soslayo la luz rosada de los ventanales. De vez en cuando le daban de beber; tenía conciencia del alba, de la mañana, del día, de la tarde y de la noche, aunque las persianas estuvieran cerradas y que ningún reloj le anunciara la hora.    Cuando estaba sano solía comer con tanta rapidez que todos los alimentos tenían el mismo sabor. Ahora, reconocía la diferencia que hay hasta en los gustos de una naranja y de una mandarina. Apreciaba cada ruido que oía en la calle o en el edificio, las voces y los gritos,...

Fiebre dental - José Jiménez Lozano

Cuando comenzó a hacerse las extracciones para ponerse una prótesis dentaria, comenzó a descubrir realmente cada rincón de la pequeña clínica. Para animarle, el doctor le mostró otras prótesis para personas mucho mas jóvenes que él, y le explicó cosas sobre ellas o sobre los modelos o impresiones y el mecanismo dentario. Vio un muestrario de dientes, y también las deterioradas piezas que habían estado en su boca hasta un momento antes. Le habló asimismo el doctor de las nuevas técnicas de implantación dentaria, le mostró radiografías de dientes y muelas, y un día le enseñó, además, una calavera con su dentadura perfecta y una sonrisa perfecta. -Como si se encontrara a gusto -dijo la enfermera. Y rieron. Pero fue precisamente ese día cuando comenzó a sentir algo raro allí: en el aire de aquella pequeña consulta tan aséptica, tan blanca, con el brillo tan intenso de los instrumentos quirúrgicos, en medio de aquella amabilidad y solicitud tan extremas. El doctor era un hombre de eda...