Sólo y con frío, el engendro chilló y sus gritos movieron la materia, se crearon mundos, se disgregó lo oscuro de lo luminoso, hubo tiempo y orden, aparecieron seres… Cansado y hambriento, el engendro murió al dar su séptimo grito.
Deja que en tu vida entre el enigma de la lectura de lo asombroso, lo otro, lo oculto, lo que siempre acecha a un paso de tu hombro izquierdo, el escalofrío que percibiste con el rabillo del ojo.
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