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Rincón de la Poesía: Ángel de alas amarillas - Sivela Tanit

Vuela ángel de palabras tristes,
lava mis angustias con tus lágrimas,
con tu aliento sana los desgarros de mi espíritu
que surgen al caminar por la vida;
borra el dolor, la traición, la ira...
sopla suave sobre mi corazón.
 
No permitas que huyan mis sueños,
mi esperanza y todo lo que Soy.
 
Vuela ángel de alas amarillas, 
llévate mi cobardía e indecisión,
arranca la raíz de la duda
y vierte de la pasión su licor.
 
Ángel mío que vives de palabras tristes 
Concédeme que el afligido suspiro mio,
no me regrese a la agonía.
Si abrazas mi desgracia y depresión
tendré un leve suspiro de valor.
 
Hoy vivo fragmentada en el desamparo
mi cabeza de piedra necesita el batir de tus alas,
¡libérame del peso, el agobio y la asfixia!
 
Si te alejas con las palabras tristes
con las espinas de mi vida
y las desilusiones del presente,
tendré la fuerza del combate
levantarme y mirar de frente al terror.
 
Permíteme un segundo, un respiro de mi aflicción
me aferraré a la audacia, a la esperanza
al merecimiento de lo mejor.
Sé, con la oportunidad de ese instante,
que mi brazo será una espada,
mis piernas una fortaleza, mi mente la ligereza,
mi espíritu el vigor.
 
Veré a la vida de frente, 
a ella le gritaré que no le tengo miedo,
que puedo soportar sus infortunios,
porque tu Ángel mío de palabras tristes
te has llevado lo que hoy es agonía
y volveré a ser todo lo que Soy.

Rincón de la poesía: Fantasmas - Sivela Tanit

Los fantasmas llegan para susurrar al oído los secretos del viento.

Hoy abandono mi cuerpo a sus palabras.

El recuerdo invade mi cabello con la caricia de tus manos, ellas ya no bajan a mi cuerpo.

Hoy el fantasma del infinito muestra su sabia cara de silencio.

Olvidarte no es mi destino… giro alrededor de los sonidos de tu voz.

Una y otra vez los fantasmas apuñalan mi corazón.

Hoy muere tu cariño por mí. Me ordenaste vivir lejos de ti.

Abriste el camino de los fantasmas adoloridos que susurran secretos en el viento.

Giro en el ciclo infinito…

 

Rincón de la poesía: Dolor - Sivela Tanit

 El dolor puede ser tan instantáneo como el voltear de una página, o tan largo y agudo como la respiración de un agonizante.

El dolor puede ser también una agonía que se lleva como una ligera capa de seda, es algo que está allí y no sientes su peso, sólo el nudo en tu cuello que te ahorca y te limita.

El dolor es tan profundo como los pensamientos de un filósofo o tan ligero como la brisa del viento sobre pétalos de rosas.

El dolor tiene muchas caras, puede curarse con las dulzura de una cálida voz o incurable como una cicatriz.

El dolor es un mar sin vida, es la agonía eterna de un corazón mancillado, es el eterno día que se recuerda con agonía.

El dolor es resbalarse sin levantarse, es buscar una mano amiga y mirar la sombra del inmenso vacío de tu perfil.

Mi dolor es tan infinito que nunca alcanza el olvido, es la amargura sin secar que siempre está en mis labios, es cada lágrima que nace de la palabra, es mi agonía que recuerda tu cuerpo, es la añoranza de volver a sentir tus labios y tus caricias.

Mi dolor es una vida sin que la muerte alcance para aliviar el estertor de mi corazón.

Rincón de la Poesía: Primero - Sivela Tanit

Nos encontramos aquella vez y supe que te quería. Eras el "príncipe" que promete el sueño de una madre, eras el amor de mi sueño cauteloso, escondido en la espera. 
 
Me besaste por primera vez y tu rodilla tocaba el pasto húmedo. Tus palmas las mostrabas al viento y te creí como la verdad en los ojos de la inocencia pura.

Nos vimos las mismas veces que hay de diversidad en los pájaros y nos acariciamos la misma cantidad de plumas en sus cuerpos.

Llegó el preciso momento de la verdad, donde el sueño cunde y es fuerte la ansiedad de la voluntad. 

Toqué la esperanza, realicé el viaje a la inmensidad del universo.

Regresé de mi camino y tu tomaste otro mucho más lejos… quedó en mí la semilla del desengaño sin arrepentimiento, de la novedad del descubrimiento.

Ahora la historia de ese encuentro queda así. Nadie sabe la suerte que correré y si te volveré a ver.

Mi corazón quiere volver a verte y dice sí, mi mente que ahora no es inocente sabe que lo mejor es un no, mi cuerpo está triste y dice tal vez. 

Pero mi alma, llora y grita desagraviada, toda esa ilusión la quiere borrar y lanzarla como cenizas en el viento junto con una célula a la que desterraré y dejaré muerta... con tu nombre en ella.

Algo mío - Sivela Tanit

    La lectura, para mí, significó abrir una dimensión nueva y espectacular, la vida adquiría sentido y un motivo.

Siempre leía lo que caía en mis manos, como suele suceder mi primer acercamiento fue con la biblioteca de mi casa, recuerdo los cuentos que venían en los libros de la escuela, mi mamá me compró una enciclopedia para niños permeada de muchas historias, cuentos, poemas, resúmenes de novelas y artículos de conocimiento en general.   

Más adelante, estando en secundaria comencé a leer cosas que les encargaron a mis hermanos mayores de cuando cursaron su secundaria o preparatoria, como “Corazón: Diario de un niño” escrita por Edmundo de Amicis; “María” de Jorge Isaacs; “Las dos caras de la moneda” del autor Ellery Queen; “Un mundo feliz” novela del escritor Aldous Huxley, entre otras.

El acercamiento con cada uno de esas novelas me dio una perspectiva diferente de lo que se podía crear. Debo confesar que en ese entonces no tenía la capacidad de entender la lectura en una primera leída, tuve que hacerlo lento, repetir hojas y consultar muchas veces el diccionario, pero todo ello me ayudó a entender y a crecer como lectora, me hizo madurar en mi capacidad interpretativa y en mi nivel de ortografía y redacción.

En la preparatoria, ya conocía el género de los ensayos con Octavio Paz y su famoso “Laberinto de la Soledad” y tuve el privilegio de leer su primera versión, antes de que televisa le diera un contrato y él aligerara la carga critica de su obra, leí partes de “Don Quijote de la Mancha” escrita por Miguel de Cervantes Saavedra, me adentré con “El principito” de Antoine de Saint-Exupéry.​ Conocí autores mexicanos como José Emilio Pacheco, Carlos Fuentes, Ricardo Garibay, Armando Ramírez, Rosario Castellanos, entre otros.

La profesión que tomé me alejó un poco de la literatura, pero nunca la olvidé.

Leer me hace libre y me hace soportable la rudeza de la vida.

 

Cuando ya comencé a trabajar me pagué cursos que me acunaron en lo que más me gustaba: leer, disfrutar y también comencé a desarrollar un gusto por el género fantástico, (horror, policíaco, ciencia ficción) y las novelas biográficas.

Gozaba tanto con lo que leía y descubría, cada vez que un cuento o novela se abría ante mí con sus giros en el final, que yo deseaba poderlo compartir con todos, quería que los demás sintieran como su corazón se aceleraba o se detenía, como las neuronas del cerebro explotaban al descubrir un final que no se esperaba, la emoción de la sorpresa que esperaba al protagonista y a uno como lector, entonces, llena de esperanza, hice un blog.

En este blog comencé a subir los cuentos que amaba, los que me sorprendían, mis favoritos o los que me habían cautivado. Al día de hoy, han pasado 12 años y siguiendo la vida, he logrado hacer una pequeñísima biblioteca, siempre con el afán de alcanzar a los amantes de la lectura como yo, o por lo menos atrapar a algún curioso y que descubra que sí le gustan y continúe en el camino.

Sin embargo todo evoluciona y todo cambia, cada vez observo que todo se aleja de la lectura de calidad y se busca lo simple, lo que no hace pensar, lo que entretiene y mantiene a la mente como una sopa aguada.

Y me entristece.

 

Este es mi blog, que ofrece historias alternas a la realidad, que da la oportunidad de hacerte soñar y sorprenderte. La contribución de mi blog, es para hacerte pensar y crecer.  

 

No espero que nadie lo tome, no espero que nadie lo lea.

 

Esto es algo mío y lo comparto con gusto.

Orión - Sivela Tanit


 

Hoy es el cumpleaños de Orión, seis años… años que se pueden describir como peludos.

Recuerdo cuando mi esposo lo vio por primera vez, era una pequeña bola negra-grisácea de ojos verdes. Estaba en la parte de un jardín cercana al lugar dónde vivimos, parecía parte de una manada, pero fue el único que se acercó y comenzó a frotarse contra sus piernas.

Mi esposo siempre ha sido de la opinión de NO MÁS gatos (sólo teníamos una) sin embargo, el carácter dulce y confiado del minino hizo que su férreo corazón se acolchara un poco. Lo vio un par de días, después ya no.

En la temporada que no volvimos a ver a ningún gato, nos llegó la noticia que algún vecino estaba envenenando gatos. Mi esposo no es cruel y está en contra de ese tipo de cosas, recuerdo que estaba muy preocupado por el destino del minino retozón.

Pasaron dos largas semanas, una mañana en que él salió al trabajo, atravesó la calle y vio a la bola de pelos maullar y andar hacia donde estaba él. Mi esposo se regresó, lo acarició, el gato se dejó cargar y lo trajo a casa.

Nosotros ya teníamos una gatita, pero sabíamos que la bola de pelos nueva era de la calle y podría traer enfermedades, lo llevamos al veterinario y lo mantuvimos en cuarentena. Salió limpio, sin enfermedades y luego de un baño, esa bola peluda resultó que era macho y de color gris con blanco.

Mi esposo lo llamó Orión. Se convirtió en parte de nuestra familia. Sigue siendo cariñoso, busca que lo acaricies, le gusta dormir sobre la cama y pocas veces araña o muerde. Su travesura favorita es tirar el balde donde toma agua… así que por eso ahora uso cubetas de 4 litros y aun así las jala y las va arrastrando por todo el cuarto.

Es un minino que nos ha robado el corazón y tenemos la dicha de estar viviendo con sus peculiaridades por 6 años.

¡Feliz aniversario!

Primeros amores - Sivela Tanit

Cuando era adolescente me enamoré, era de esos amores primeros, que consideras únicos y eternos, con los que te vez en tu futuro con esa persona. Es un amor tierno, porque es el primero, es un amor confiado porque te entregas con todo tu corazón y alma… y termina.

Entonces se guardan palabras en el silencio y el dolor te va carcomiendo, se guardan lágrimas y furias, se bebe la nostalgia del beso lleno de esperanza, se desvanecen los sueños de la luz futura y todo queda en un adiós.

En mi visión de infancia me quedé sola, sentí mi primer desamparo y dejé que el espíritu de la nostalgia y el drama envolvieran mi naturaleza,  comencé a adorar la forma en el que viento chocaba con mi rostro, eso me hacía sentir que volaba; amé el silencio y escuché todas las voces de mi cabeza y me asustó reconocer la cantidad infinita de cosas que habitaban en mí.

Abracé lo que en ese momento de tragedia entendí como mis “demonios interiores” odiaba el dolor que dejan las ausencias, sentía  mi corazón desdichado latiendo en una muerte infinita,  me torné taciturna y melancólica.

Y el tiempo me enseñó que la vida no acaba allí, que hay más gente que te decepciona y alguna que te quiere bien, que hay gente que quiere controlarte y una que otra rara que te deja ser como eres… lo más importante es que me encontré a mí, dejé de buscar el amor afuera y lo cultivé dentro, me forme con mi amor, me perdoné mis errores y me acepté como soy.

Eso lo aprendí con los amores en mi vida, nunca olvidaré al primero ni al último.

Recuerdo - Sivela Tanit

Te encontré aquella vez y supe que te quería. Eras el príncipe de mi vida, eras el amor de mi sueño cauteloso, escondido en la espera.

Me besaste por primera vez y tu rodilla tocaba el pasto húmedo. Tus palmas las mostrabas al viento y te creí. Como la verdad en los ojos de la inocencia pura.

Nos vimos las mismas veces que hay de diversidad en los pájaros y nos acariciamos la misma cantidad de plumas en sus cuerpos.

Llegó el preciso momento de la verdad, donde el sueño cunde y es fuerte la ansiedad de la voluntad. Toqué la esperanza, realicé el viaje a la inmensidad del universo.

Regresé de mi camino y tu tomas otro mucho más lejos… quedó en mí la semilla del desengaño sin arrepentimiento, de la novedad del descubrimiento y ahora la historia de ese encuentro queda así. Nadie sabe la suerte que correré y si te volveré a ver.

Mi corazón dice no, mi mente dicta no, mi cuerpo habla no, pero mi alma, en una célula muerta, un día antes de perderse, me dijo: “Sí”.

Cálido Silencio - Sivela Tanit

A veces la oscuridad del corazón es igual de grande a la de una profunda cueva, a veces no oyes ni sus latidos.

En otras ocasiones las emociones del corazón son como un diluvio en el mar, son una sinrazón, también pueden ser como el aire en el desierto; o una estrella nocturna que se repite a sí misma en los cuatro puntos cardinales confundiendo a la mente y a la propia vida; igual pueden ser como la sal del mar, se prueba pero no se ve.

Así es la lucha de mis emociones en mi pensamiento. Confuso y loco. Hundidos en miedos que no existen.

Y deseo, desearía… encontrar la paz y la sabiduría para aprender a vivir. Ser la tranquilidad y la libertad. Quiero ser el sonido de la campana lenta y perezosa, monótona, perdida en las ruinas dentro de un bosque. Sin pasos, sin ruido, en el silencio cálido que proviene de amarse a uno mismo.

Como sonido correr con el viento, jugar con el riachuelo…

Y despierto.

No hay silencio, sólo oscuridad y abismo.

Vivo sin ella - Sivela Tanit

El mundo está lleno de corazones rotos, los sentimientos fueron lastimados a diferente nivel e intensidad. Lo que me lleva a preguntarme ¿El fallecimiento de la propia madre crea un corazón roto? Dos respuestas: si o no (si es que no me encuentro con alguna mente que le gusta complicarse la vida y decir: tal vez), esa decisión se lo dejo a mi amable lector.

Cuando recibí la noticia del deceso de mi madre, el mundo que estaba a mi alrededor dejó de girar, sentí una regresión a cuando era pequeña y me tapaba con la cobija para alejar los miedos de la noche. Sólo que ahora esa cobija, por más que intenté ponérmela, no evitó su ausencia.

La llamada de su fallecimiento me tomó por sorpresa, ella se estaba restableciendo de una operación de cadera, se le dio de alta y su recuperación era positiva. Yo ya no vivía con mi mamá, recuerdo que la visité un lunes y “la llamada” fue el jueves. Es un sentimiento aterrador, mis pensamientos se paralizaron, actuaba por instinto, todo lo hice cómo autónoma.

Mi esposo me ayudó a llegar a mi casa, me ha acompañado todo el proceso. En casa pude ver a mi madre y despedirme de ella. Cuando regresé al departamento de mi esposo, nos acostamos a dormir por horas. Me sentía cansada. Entonces ocurrió que negué el dolor, me concentré en mis estudios porque no quería perder mi beca por promedio. La pesadilla llegó cuando me gradué.

Allí me di cuenta que todo lo había hecho mal, vivía la muerte de mi madre cada día, pero evité el dolor. Y cuando ya no tuve en qué entretenerme… cayó dentro de mi cuerpo y mente todo un bloque de demencia, me sentí desolada y desamparada.

Estudios de tanatología mencionan que no hay un tiempo límite para regresar a un equilibrio emocional después de una pérdida. Sin embargo, si hacen mención de situaciones que pueden ser más sanas que otras.

Conocí a una persona que negó la existencia de su madre: tiró, arrinconó, regaló todas las cosas que pertenecían a ella, todo durante los primeros diez días de la muerte. Hay otra persona que tiene todas las cosas de su madre y no puede tomarlas, usarlas o verlas sin llorar, aún después de cuatro años.

Sólo un experto tanatólogo puede aconsejar sobre las reacciones de cada uno. Yo sólo soy una mujer que perdió a su madre. No obstante, busco llenar esa sensación de desamparo con amor y confianza en mi persona: escribo, medito e ilumino, busco espacios para consentirme en cuerpo y mente, para irme reconstruyendo. Considero que ese es mi proceso de sanación.

La extraño, mi madre daba buenos consejos;  tenía muy buena sazón, echo de menos su comida, ese sabor es irremplazable; me gustaba escuchar sus historias de niña y la relación con su mamá; también tenía la habilidad casi mágica de hacer que el gasto le durara y podía ahorrar pese a la escases económica; pero lo que más admiraba de ella es que siempre tenía las palabras certeras para el momento preciso, eso es lo que hoy, más le envidio.

La extraño, pero el dolor por ella no es tan profundo ni agudo comparado a la noticia de su muerte. No siento que haya llegado al equilibrio emocional, y no me apresuro a llegar, porque cada día de mi vida es una (cruel) lección donde tengo que aprender a vivir sin mi madre.