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Rincón de la Poesía: Ella - Vicente Huidobro

Ella daba dos pasos hacia adelante;

Daba dos pasos hacia atrás.

El primer paso decía: «Buenos días, señor»;

El segundo paso decía: «Buenos días, señora»;

Y los otros decían: «¿Cómo está la familia?».

Hoy es un día hermoso, como una paloma en el cielo.

Ella llevaba una camisa ardiente;

Ella tenía ojos de adormecedora de mares;

Ella había escondido un sueño en un armario oscuro;

Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza.

Cuando ella llegaba, dejaba una parte más hermosa muy lejos;

Cuando ella se iba, algo se formaba en el horizonte para esperarla.

Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina.

Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad.

Era hermosa como un cielo bajo una paloma.

Tenía una boca de acero

Y una bandera mortal dibujada entre los labios.

Reía como el mar que siente carbones en su vientre,

Como el mar cuando la luna se mira ahogarse,

Como el mar que ha mordido todas las playas,

El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia.

Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas,

Antes que el viento norte abra sus ojos,

Era hermosa en sus horizontes de huesos,

Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado,

Como el cielo a caballo sobre las palomas.

Rincón de la poesía: Hechos memorables - René Daumal


Acuérdate de tu padre y de tu madre, y de tu primera mentira cuyo indiscreto olor se arrastra por tu memoria.
Acuérdate de tu primer insulto a los que te engendraron: la semilla del orgullo quedó sembrada, resplandeció la fisura quebrando la unidad de la noche.
Acuérdate de los anocheceres de terror en los que el pensamiento de la nada te arañaba el vientre, y volvía sin cesar para picotearte como un buitre; acuérdate también de las mañanas de sol en el cuarto.
Acuérdate de la noche de liberación en la que, al caer tu cuerpo suelto como un velamen, respiraste un poco del aire incorruptible; acuérdate también de los animales pegajosos que te han vuelto a aprisionar.
Acuérdate de las magias, de los venenos y de los sueños tenaces -querías ver, te tapabas ambos ojos para ver, pero no sabías abrir el otro.
Acuérdate de tus cómplices y de los fraudes en común y de ese gran deseo de salir de la jaula.
Acuérdate del día en que desgarraste la tela y te apresaron vivo, inmovilizado ahí mismo en la batahola de bataholas de las ruedas que giran sin girar, contigo adentro, cogido siempre por el mismo instante inmóvil, repetido, repetido, y el tiempo no daba sino una vuelta, todo giraba en tres sentidos innumerables, el tiempo se cerraba al revés ( y los ojos de carne sólo veían un sueño, sólo existía el silencio devorador, las palabras eran pieles secas, y el ruido, el sí, el ruido, el no, el alarido visible y negro de la máquina te negaba), el grito silencioso "Yo soy" que el hueso oye, por el cual muere la piedra, por el cual cree morir lo que nunca fue. Y tú no renacías a cada instante sino para ser negado por el gran círculo sin límites, todo pureza, todo centro, todo pureza salvo tú mismo.
Y acuérdate de los días que siguieron, cuando marchabas como un cadáver hechizado, con la certidumbre de ser devorado por el infinito, de ser aniquilado por la existencia única de lo Absurdo.
Y acuérdate sobre todo del día en que querías arrojarlo todo, de cualquier modo. Pero un guardián vigilaba en tu noche, vigilaba mientras dormías, te hizo tocar tu propia carne, te hizo recordar a los tuyos, te hizo recoger tus andrajos.
Acuérdate de tu guardián.
Acuérdate del hermoso espejismo de los conceptos, y de las palabras conmovedoras, palacio de espejos construido en un sótano. Y acuérdate del hombre que vino y lo rompió todo, te tomó con su tosca mano, te arrancó de tus sueños y te obligó a sentarte sobre las espinas del pleno día. Y acuérdate de que no sabes recordar.
Acuérdate de que todo se paga, acuérdate de tu felicidad, pero cuando te trituraron el corazón, era ya demasiado tarde para pagar por adelantado.
Acuérdate del amigo que te tendía su razón para recoger tus lágrimas brotadas de la fuente helada que violaba el sol de primavera.
Acuérdate de que el amor triunfó cuando ella y tú supisteis someteros a su fuego ansioso, rogando morir en la misma llama.
Pero acuérdate de que el amor no es de nadie, de que en tu corazón de carne no hay nadie, de que el sol no pertenece a nadie, ruborízate al contemplar el cenegal de tu corazón.
Acuérdate de las mañanas en que la gracia era como una vara amenazadora que te conducía, sumiso, a través de tus jornadas, ¡bienaventurado el ganado bajo el yugo!
Y acuérdate de que entre sus dedos entumecidos tu pobre memoria dejó escapar el pez de oro.
Acuérdate de los que te dicen: acuérdate. Acuérdate de la voz que te decía: no caigas. Y acuérdate del placer equívoco de la caída.
Acuérdate, pobre memoria mía, de las dos caras de la medalla. Y de su metal único.

Rincón de la poesía: Espantapájaros 7 - Oliverio Girondo

 ¡Todo era amor... amor! No había nada más que amor. En todas partes se encontraba amor. No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos. Amor analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche... lleno de prevenciones, de preventivos; lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
Amor con una gran M, con una M mayúscula, chorreado de merengue, cubierto de flores blancas...
Amor espermatozoico, esperantista. Amor desinfectado, amor untuoso...
Amor con sus accesorios, con sus repuestos; con sus faltas de puntualidad, de ortografía; con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los orangutanes, de los bomberos. Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas, que arranca los botones de los botines, que se alimenta de encelo y de ensalada.
Amor impostergable y amor impuesto. Amor incandescente y amor incauto. Amor indeformable. Amor desnudo. Amor-amor que es, simplemente, amor. Amor y amor... ¡y nada más que amor!

Rincón de la poesía: Mientras por competir con tu cabello - Luis de Góngora

Mientras por competir con tu cabello,

oro bruñido al sol relumbra en vano,

mientras con menosprecio en medio el llano

mira tu blanca frente el lilio bello;


mientras a cada labio, por cogello,

siguen más ojos que al clavel temprano,

y mientras triunfa con desdén lozano

de el luciente cristal tu gentil cuello;


goza cuello, cabello, labio y frente,

antes que lo que fue en tu edad dorada

oro, lilio, clavel, cristal luciente,


no sólo en plata o víola troncada

se vuelva, mas tú y ello juntamente

en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

Rincón de la poesía: Mies Del Dolor - Blind Guardian

 

Ella partió
Y el bosque durmió
La doncella nunca volverá

El sello del olvido se ha roto
Y en pecado un amor tornará

Nuestra vida sola baila
Esperanza gritos cubrirá
La verdad en el pasado
Sueños mentiras mostrarán
La noche vendrá
Dolor quedará

De repente todo se aclaró
La venda de los ojos cayó

Sus ojos cerró
Y mi nombre gritó
Ella nunca nunca mas fue vuelta
A ver

Mies del dolor
Tu fruto creció
En helada tierra de pesar
Cuando muera la luz
La noche invernal
Vendrá

Ella partió
Y yo pierdo la fe
Mis heridas no podrán sanar

Traeré al ocaso
Pese a que seré burlado yo
Por la vida y el juicio final

Amanece en la vida y sé
Que pronto todo pasará
Y enfrento las sombras de pie en soledad

Mies del dolor
Tu fruto creció
En helada tierra de pesar
Cuando muera la luz
La noche invernal
Vendrá

Rincón de la poesía: Anubis - Elizabeth Barrette

    Anubis es la noche previa al día,
la  sombra oculta de la sabiduría y de la luz, 
de sus ojos suavemente brillantes
que reflejan la luna y las estrellas.

    Anubis es quien los dioses obedecen, 
respetando tanto su ladrido
como su mordisco.
Las palabras mesuradas 
y sus mandíbulas prestas a triturar.
 
    Anubis es el que vigila desde lejos,
el que controla cuando el momento ha llegado
para pesar un alma, y juzgar su vida, como errónea o correcta.
 
    Anubis nos conoce a todos por lo que somos.
Ni nos ama, ni nos odia, tampoco se da un respiro
en su eterno recuento de puntuaciones.

    Él cuida la balanza y de las leyes,
porque él es el chacal que tiene el conocimiento de la justicia.