Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Barba azul

Jardín de infierno - Silvina Ocampo

     Se llama Bárbara. No comprendo por qué me casé. ¿Por conveniencia?. De ningún modo. ¿Por amor?. No necesitaba. Por aspirar a una vida más tranquila, tampoco. Y ahora es tarde para arrepentirme. Me adora, se preocupa por mí. Me da todos los gustos; naturalmente que esta agradable situación tiene sus límites.      Suele ausentarse muchas veces y cada vez que se va de viaje me hago estas mismas preguntas, para llegar a ninguna conclusión. Este enorme castillo solitario me asusta y se llena, cuando me quedo solo, de ruidos. Las angostas y altas ventanas dejan entrar un poco de luz sobre mis libros de estudio. Ya la filosofía no me interesa como antes, pero tendré que seguir estudiando, recibirme para independizarme un poco de la vida conyugal.       Estudiar se vuelve difícil cuando uno está preocupado por algo. Ni un poeta ni un pintor puede realizar su obra en el estado de inquietud en que me encuentro; menos puede un estudiante de fi...

Barba Azul - Charles Perrault

Érase una vez un hombre que tenía hermosas casas en la ciudad y en el campo, vajilla de oro y plata, muebles forrados en finísimo brocado y carrozas todas doradas. Pero desgraciadamente, este hombre tenía la barba azul; esto le daba un aspecto tan feo y terrible que todas las mujeres y las jóvenes le arrancaban. Una vecina suya, dama distinguida, tenía dos hijas hermosísimas. Él le pidió la mano de una de ellas, dejando a su elección cuál querría darle. Ninguna de las dos quería y se lo pasaban una a la otra, pues no podían resignarse a tener un marido con la barba azul. Pero lo que más les disgustaba era que ya se había casado varias veces y nadie sabia qué había pasado con esas mujeres. Barba Azul, para conocerlas, las llevó con su madre y tres o cuatro de sus mejores amigas, y algunos jóvenes de la comarca, a una de sus casas de campo, donde permanecieron ocho días completos. El tiempo se les iba en paseos, cacerías, pesca, bailes, festines, meriendas y cenas; nadie dormía y se pa...