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Vida de los vampiros - Jorge Ibargüengoitia

El vampirismo no es enfermedad. Los vampiros son muertos que andan –explica un científico a la mitad de toda película de vampiros. La vampirología es un conocimiento extenso. Admirable si se tiene en cuenta que es el estudio de algo que no existe. Además de ser extenso, está muy extendido: la gente común y corriente sabe más de vampiros que de los otomíes, por ejemplo. En las películas de vampiros, los espectadores saben más de vampirología que los protagonistas, que para enterarse de lo que está pasando tienen que recurrir a un pequeño manual del siglo XVIII, o bien a un pergamino, que desenrollan con música de fondo, de preferencia de armonio. El que abre el manual o desenrolla el pergamino aprende muchas cosas, pero está casi siempre perdido, con grandes probabilidades de terminar vampirizado. Los demás protagonistas, en cambio, no dan pie con bola, y hacen una serie de cosas que a nadie se le ocurriría hacer sabiendo que la película es de vampiros: caminar por el bosque a la media ...

El Castillo de Otranto - Horace Walpole

  Mientras tanto, el príncipe había salido al patio y ordenado que se abrieran de par en par las puertas del castillo para recibir al desconocido caballero y a su séquito. A los pocos minutos llegó la cabalgata. La precedían dos heraldos con varas. Iba luego otro heraldo, seguido por dos pajes y dos trompetas. A continuación, un centenar de guardias a pie y otros tantos caballos. Detrás, cincuenta infantes vestidos de escarlata y negro, los colores del caballero. Después, un caballo enjaezado. Sendos heraldos flanqueaban a un caballero en su montura, llevando un gallardete con las armas de Vicenza y de Otranto cuarteladas, circunstancia que ofendió mucho a Manfredo, si bien reprimió su resentimiento. Dos pajes más. El confesor del caballero rezando el rosario. Otros cincuenta infantes, ataviados como los anteriores. Dos caballeros con armadura completa, con la visera bajada, camaradas del caballero principal. Los escuderos de estos dos caballeros, llevando sus escudos y divisas. ...

Jardín de infierno - Silvina Ocampo

     Se llama Bárbara. No comprendo por qué me casé. ¿Por conveniencia?. De ningún modo. ¿Por amor?. No necesitaba. Por aspirar a una vida más tranquila, tampoco. Y ahora es tarde para arrepentirme. Me adora, se preocupa por mí. Me da todos los gustos; naturalmente que esta agradable situación tiene sus límites.      Suele ausentarse muchas veces y cada vez que se va de viaje me hago estas mismas preguntas, para llegar a ninguna conclusión. Este enorme castillo solitario me asusta y se llena, cuando me quedo solo, de ruidos. Las angostas y altas ventanas dejan entrar un poco de luz sobre mis libros de estudio. Ya la filosofía no me interesa como antes, pero tendré que seguir estudiando, recibirme para independizarme un poco de la vida conyugal.       Estudiar se vuelve difícil cuando uno está preocupado por algo. Ni un poeta ni un pintor puede realizar su obra en el estado de inquietud en que me encuentro; menos puede un estudiante de fi...

El retrato Oval - Edgar Allan Poe

  El castillo al cual mi criado se había atrevido a entrar por la fuerza antes de permitir que, gravemente herido como estaba, pasara yo la noche al aire libre, era una de esas construcciones en las que se mezclan la lobreguez y la grandeza, y que durante largo tiempo se han alzado cejijuntas en los Apeninos, tan ciertas en la realidad como en la imaginación de Mrs. Radcliffe.  Según toda apariencia, el castillo había sido recién abandonado, aunque temporariamente.  Nos instalamos en uno de los aposentos más pequeños y menos suntuosos. Hallábase en una apartada torre del edificio; sus decoraciones eran ricas, pero ajadas y viejas. Colgaban tapices de las paredes, que engalanaban cantidad y variedad de trofeos heráldicos, así como un número insólitamente grande de vivaces pinturas modernas en marcos con arabescos de oro.  Aquellas pinturas, no solamente emplazadas a lo largo de las paredes sino en diversos nichos que la extraña arquitectura del castillo exigía, despe...

La novia del espectro - William Harrison Ainsworth

El Castillo de Hernswolf, a fines del año 1655, era el centro de la moda y la alegría. El barón del mismo nombre era el más poderoso noble en Alemania, e igualmente celebrado por los logros patrióticos de sus hijos, y la belleza de su única hija.  El Estado de Hernswolf, que estaba situado en el centro de la Selva Negra, le había sido otorgado por la nación en reconocimiento a uno de sus ancestros, y pasado de mano en mano con otras posesiones hereditarias a la familia del dueño actual.  Era una mansión almenada, de estilo gótico, construida acorde a la moda de la época, en el más grandioso estilo arquitectónico, y consistía principalmente de oscuros corredores ventosos, y habitaciones tapizadas en forma de bóveda, magníficas en su tamaño por cierto, pero que poco satisfacían las necesidades de confort, dada la circunstancia extrema de su lúgubre magnitud.  Un oscuro bosquecillo de pinos y fresnos de montaña rodeaban el castillo por todos lados, y proyectaban un aspecto t...