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Nuestra Señora de las Golondrinas - Marguerite Yourcenar

El monje Therapion había sido en su juventud el discípulo más fiel del gran Atanasio; era brusco, austero, dulce tan sólo con las criaturas en quienes no sospechaba la presencia de los demonios. En Egipto había resucitado y evangelizado a las momias; en Bizancio había confesado a los Emperadores: había venido a Grecia obedeciendo a un sueño, con la intención de exorcizar a aquella tierra aún sometida a los sortilegios de Pan.  Se encendía de odio cuando veía los árboles sagrados donde los campesinos, cuando enferman de fiebre, cuelgan unos trapos encargados de temblar en su lugar al menor soplo de viento de la noche; se indignaba al ver los falos erigidos en los campos para obligar al suelo a producir buenas cosechas, y los dioses de arcilla escondidos en el hueco de los muros y en la concavidad de los manantiales.  Se había construido con sus propias manos una estrecha cabaña a orillas del Cefiso, poniendo gran cuidado en no emplear más que materiales bendecidos.  Los ca...

Protectores de la historia - Cubillo Steven

  Aquellos guerreros se formaban en filas perfectas, uno a uno, se les veía de tan variados tamaños y colores. Algunas bestias jóvenes, pero no por eso menos astutas, relucían su piel brillante e innovadores conocimientos, otras, tan viejas como el mismo mundo, se mantenían quietas con apariencia de sabios; en sus envejecidos lomos de cuero caminaban sin cuidado algunas polillas que les habitaban. Todos estaban ahí con una sola misión: proteger con sus corazas la historia. Eran llamados los guardianes de la sabiduría, y al servicio de los humanos defendían con su vida todos los conocimientos registrados hasta el momento. Dejaban pasar solo a aquellos que con sed de sabiduría tuvieran las agallas de sumergirse en nuevos horizontes. Se decía que tras ellos se ocultaban universos colosales, portales místicos a otras realidades y las respuestas a casi todas las dudas humanas, pero lo más impresionante es que tras su conocimiento estaba el don de no cometer los mismos errores del ...

Escapar por los Pelos - Lord Dunsany

Ocurrió bajo tierra. En aquella malsana y húmeda cueva bajo Belgrave Square las paredes goteaban. Mas ¿qué le importaba eso al mago? lo que necesitaba era discreción, no sequedad. Allí sopesó la marcha de los acontecimientos, determinó destinos y urdió brebajes mágicos. Durante los últimos años, la serenidad de sus reflexiones se había visto perturbada por el ruido del autobús. Entre tanto, a su fino oído llegaba a lo lejos el estruendo y la convulsión del tren subterráneo bajando Sloane Street; y lo que oía del mundo que tenía por encima de su cabeza no decía mucho a su favor. Un atardecer, allá abajo en su oscura y maloliente cámara con su horrible pipa, decidió que Londres había vivido ya demasiado, había desaprovechado sus oportunidades; en resumidas cuentas, había llevado demasiado lejos su civilización. Así es que decidió destruirla. Por consiguiente, hizo señas a su acólito desde el extremo cubierto de maleza de la caverna y dijo: "Tráeme el corazón del sapo que mora ...

El cuenco de cobre - George Fielding Eliot

Yuan Li, el mandarín, se recostó en su sillón de palisandro y habló sin alzar la voz: —Está escrito que un buen servidor es un don de los dioses, mientras que uno malo... El alto y corpulento hombre que permanecía humildemente en pie ante la figura enfundada en una túnica y sentada en su sillón, hizo tres reverencias apresuradas y sumisas. A pesar de que iba armado y de que le consideraban un hombre valiente, el miedo brilló en sus ojos. Podría haber quebrado al menudo mandarín de rostro lampiño doblándolo sobre su rodilla, y sin embargo... —Diez mil perdones, ¡oh magnánimo! —le dijo—. Lo he hecho todo obedeciendo vuestra honorable orden de no matar al hombre ni causarle una lesión permanente... He hecho todo cuanto he podido, pero... — ¡ Pero no habla! — murmuró el mandarín —. ¿Y me vienes con el cuento de que has fracasado? ¡No me gustan los fracasos, capitán Wang! El mandarín jugueteó con un pequeño cortaplumas que estaba sobre la mesi...