Cuando los pájaros mueren - Edward Goligorsky
La primera luz del sol llenaba el valle, produciendo otro día de intolerable calor. Una brisa suave y cálida azotaba las espadañas y la alta hierba amarilla. Un estrecho arroyo fluía lentamente por el valle. El cielo se mostraba terriblemente azul y vacío. Nada ensuciaba su fantástica claridad, los pájaros llevaban muertos dos años. En el valle no se observaba el menor movimiento. La inmóvil locomotora y los vagones de carga parecían juguetes arrojados a un lado por el caprichoso hijo de un gigante vagabundo. En dos años las hierbas habían cubierto los rieles. Con un estremecedor crujido se deslizó hacia un lado la puerta de uno de los vagones. Un hombre asomó la cabeza y a continuación surgió al aire libre toda su figura. Era muy viejo. Su piel, increíblemente reseca, le ceñía a los pómulos, cuencas de los ojos, sienes cóncavas, y a la nariz larga y afilada como un cuchillo. Sus desgreñados cabellos grises caían sobre los hombros. Su boca era simplemente una abertur...