Más allá del juego - Vance Aandhal
Metido en su pantalón corto de gimnasia, seco y blanco como la tiza, Ernest se acurrucó al amparo de las gruesas y enrojecidas espaldas de Balfe y Basil Basset, y tuvo un ligero estremecimiento cuando su espinazo tocó la pared. Sabía, por partidos anteriores, que los mellizos aún no correrían a causa de su excesivo nerviosismo; durante un rato, pues, tenía seguro escondite detrás de ellos. Deslizó lentamente los dedos por sus mejillas. Mirando por entre los fofos muslos de Balfe, divisó a los muchachos del equipo contrario alineados en la pared opuesta. Todos eran altos y delgados, y parecían ansiosos por jugar: algunos se pavoneaban, otros contorsionaban sus bocas en ávidas muecas y lanzaban gritos de intimidación de una parte a otra del gimnasio. Acuclillándose, Ernest abrazó sus esbeltas piernas y se besó las rodillas. Fijó sus ojos en la instructora. Miss Argentine se detuvo a mitad de camino entre los dos equipos y ajustó el bolso de lona que colgaba de su hombro como ...