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La Sirena - Ray Bradbury

  Allá afuera en el agua helada, lejos de la costa, esperábamos todas las noches la llegada de la niebla, y la niebla llegaba, y aceitábamos la maquinaria de bronce, y encendíamos los faros de niebla en lo alto de la torre. Como dos pájaros en el cielo gris, McDunn y yo lanzábamos el rayo de luz, rojo, luego blanco, luego rojo otra vez, que miraba a los barcos solitarios.  Y si ellos no veían nuestra luz, oían siempre nuestra voz, el grito alto y profundo de la sirena, que temblaba entre jirones de neblina y sobresaltaba y alejaba a las gaviotas como mazos de naipes arrojados al aire, y hacía crecer las olas y las cubría de espuma. —Es una vida solitaria, pero uno se acostumbra, ¿no es cierto? —preguntó McDunn. —Sí —dije—. Afortunadamente, es usted un buen conversador. —Bueno, mañana irás a tierra —agregó McDunn sonriendo— a bailar con las muchachas y tomar gin. —¿En qué piensa usted, McDunn, cuando lo dejo solo? —En los misterios del mar. McDunn encendió su pipa. Eran las sie...

El Ruido del Trueno - Ray Bradbury

El anuncio en la pared parecía temblar bajo una móvil película de agua caliente. Eckels sintió que parpadeaba, y el anuncio ardió en la momentánea oscuridad:   Safari en el Tiempo, S. A. Safaris a cualquier año del pasado. Usted elige el animal. Nosotros lo llevamos allí, usted lo mata.   Una flema tibia se le formó en la garganta a Eckels. Tragó saliva empujando hacia abajo la flema. Los músculos alrededor de la boca formaron una sonrisa, mientras alzaba lentamente la mano, y la mano se movió con un cheque de diez mil dólares ante el hombre del escritorio. —¿Este safari garantiza que yo regrese vivo? —No garantizamos nada —dijo el oficial—, excepto los dinosaurios. —Se volvió—. Este es el señor Travis, su guía safari en el pasado. Él le dirá a qué debe disparar y en qué momento. Si usted desobedece sus instrucciones, hay una multa de otros diez mil dólares, además de una posible acción del gobierno, a la vuelta. Eckels miró en el otro extremo de la vas...