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Asalariados - Sivela Tanit

El día que salí a comer con una amiga, entre los diversos temas que tratamos, hablamos del trabajo y los salarios. Ella me contaba de su horario, entra a la 11 de la mañana y sale a las 9 y media de la noche, llega a su casa a las 10 y media y su día no ha terminado, porque debe hacer de cenar entre otros quehaceres del hogar termina acostándose a la 1 y media de la mañana.

Al día siguiente su rutina comienza a más tardar a las 7 de la mañana, duerme poco, labora muchas horas, porque también lleva la carga de ama de casa y aparte el salario en su trabajo no es significativo.

Y eso es lo que comentamos, los trabajos tienen la desfachatez de pedir conocimientos especializados en su puesto de trabajo, habilidades en manejo de paqueterías de computadora y experiencia además del dominio de inglés en un 100% y ¿cuánto te pagan? No importa, ese salario no cubre la canasta básica.

Aparte de la problemática económica que siempre existe en el país, está la cuestión de la falta de ética. Cuando renuncias a un trabajo porque el salario no compensaba los esfuerzos, percibes que “tu suplente” cobra menos y hace más. Es lo que los “jefes” dicen: “Hay que explotar nuestros recursos humanos”.

Considero, que a pesar de todos los problemas de corrupción que pueden existir, también está la desesperación del trabajador, que sin encontrar un trabajo con buena paga, acepta cualquier cosa, devaluando su propio trabajo y el de los demás.

Este es un círculo vicioso del cual los empleadores abusan, saben de la desesperación, de la carencia, de la necesidad de sus futuros empleados y reducen más el sueldo además de añadirle muchos otros cargos al puesto.

Esto nunca se va a acabar, es un mal vicio y a las empresas les funciona, así que lo van a seguir usando y los trabajadores caerán en él porque su necesidad es muy grande.

Es una vida miserable la del trabajador asalariado, no tengo ninguna propuesta que los satisfaga, porque puedo poner mil y una teorías y cosas por hacer, pero las limitaciones que viven en tu mente no dejarán que esto cambie.

Así que levanto mi refresco, brindo por la eterna salud del asalariado y le mando una sobadita a su lomo.