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La mujer del bosque - Abraham Merritt

Mac Kay permanecía sentado en el balcón del pequeño albergue, un edificio agazapado como un gnomo bajo los abetos, en la orilla oriental del lago. Era un pequeño y solitario lago cerca de una de las cumbres de los Vosgos, aunque solitario no es la palabra exacta; era más bien retirado, distante. Las montañas lo rodeaban por todos lados, formando como un amplio cuenco bordeado de árboles, y parecía estar lleno, o al menos esa había sido la impresión que había tenido Mac Kay al verlo por primera vez, con el tranquilo vino de la paz. Mac Kay había sido un as de la Gran Guerra, primero volando con los franceses, luego con las fuerzas de su propio país. Y, como un pájaro, amaba a los árboles. Para él un árbol no era solamente un tronco, unas raíces, unas ramas y unas hojas, sino también una personalidad. Tenía una profunda consciencia de las características que los diferenciaban, incluso dentro de los de una misma especie: este abeto era amable y benevolente, ese otro austero y taciturno, a...

Los habitantes del pozo - Abraham Merritt

  Hacia nuestro norte, un dardo de luz se alzaba hasta casi llegar el cenit. Surgía por detrás de la áspera montaña hacia la que nos habíamos estado dirigiendo durante todo el día. El dardo atravesaba una columna de niebla azul cuyos costados estaban tan bien delimitados como la lluvia que cae de los bordes de una nube tormentosa. Era como el haz de un proyector que atravesase una nube azul, y no creaba sombras. Mientras subía a lo alto recortaba con aristas duras y fijas las cinco cimas, y vimos que la montaña, en su conjunto, estaba modelada en forma de mano. Y, mientras la luz los silueteaba, los gigantescos picos que eran los dedos parecían extenderse, y la tremenda masa que formaba la palma empujar. Era como si se moviese para rechazar algo. El haz brillante permaneció así durante unos momentos, luego se dispersó en una multitud de pequeños globos luminosos que se movían de uno a otro lado y caían suavemente. Parecían estar buscando algo. El bosque se había quedado muy sil...