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La canción de Thelinde - Roger Zelazny

A través del atardecer, al otro lado de la montaña, bajo una luna enorme y dorada, Thelinde estaba cantando. En el elevado salón brujesco de Caer Devash, circundado por completo de pinos y reflejado muy por debajo de las rocas en el plateado río denominado Denesh, Mildin oyó la voz de su hija y las palabras del canto:   «Los hombres del Oeste son fuertes, los hombres del Oeste son valientes, pero Dilvish el Maldito regresó e hizo de su sangre fríos torrentes. Mientras lo perseguían de Portaroy a Dilfar, en la zona oriental, Dilvish montaba una criatura traída del Infierno: un negro y metálico animal. No lograron herir ni detener a su montura, el caballo que los hombres llaman Black, porque el coronel adquirió enorme sabiduría con la maldición de Jelerak...»   Mildin se estremeció, cogió su reluciente capa de bruja (ella era Dama del Aquelarre) y tras echársela a la espalda y atársela al cuello con la ahumada Piedra de la Luna, se transformó en u...

Travesía a Dilfar - Roger Zelazny

  Cuando Dilvish el Maldito salió de Portaroy, trataron de detenerle en Qaran, luego en Tugado y de nuevo en Maestar, Mycar y Bildesh. Cuatro jinetes le aguardaron en la ruta de Dilfar; y cuando el primero flaqueó, el siguiente le sustituyó con un caballo fresco. Pero ninguno pudo sostener el paso de Black, el caballo hecho de acero. Se rumoreaba que el Coronel del Oriente había trocado parte de su alma por el caballo. Un día y una noche había cabalgado, para adelantar a los ejércitos en pleno avance de Lylish, Coronel del Occidente, porque sus hombres yacían rígidos y vestidos en los ondulados campos de Portaroy. Al ver que era el último hombre en pie en el lugar de la matanza, Dilvish llamó junto a él a Black, se acomodó en la silla que era una parte de él mismo y le ordenó huir. Los relucientes cascos de Black le llevaron a través de una línea de lanceros; las lanzas se apartaron igual que trigo y resonaron cuando las metálicas puntas tropezaron con su piel de medianoche. ...

El hombre que amó a una Faioli - Roger Zelazny

       Ésta es la historia de John Auden y la faioli, que nadie conoce mejor que yo. Escúchenla... Sucedió una noche, cuando él estaba paseando (pues no  había motivos para no pasear) por sus sitios favoritos de todo el mundo, cuando vio a la faioli, cerca del Cañón de la Muerte, sentada sobre una roca, mientras que sus alas de luz revoloteaban, revoloteaban, revoloteaban hasta desvanecerse, apareciendo entonces sentada allí una muchacha humana, vestida completamente de blanco y llorando, con largas trenzas negras enrolladas a la cintura. Se aproximó a ella ante la cegadora luz que despedía el moribundo sol, cuando los ojos humanos no podían distinguir distancias ni calcular perspectivas adecuadamente (pero los suyos sí), y apoyando su mano derecha en el hombro de ella y la dijo unas palabras de salutación y consuelo. Fue, sin embargo, como si él no existiera. Continuó su llanto, regando de plata sus mejillas de color de nieve o de hueso. Sus ojos almendra...

La negra sombra del caballo - Roger Zelazny

 En la gran sala de la  Casa de la Muerte una sombra enorme se proyecta contra el muro, detrás del trono de Anubis. Podría pensarse que se trata de un motivo decorativo, un alto relieve, un fresco, si no fuera porque es totalmente negra y parece contener en sí misma algo de una profundidad infinita. Además, está animada por un imperceptible movimiento. Se trata de la sombra de un monstruoso caballo, y de ningún modo se ve afectada por los estallidos de luz que emiten los dos braseros que arden a una y otra parte del trono. No hay nada en la gran Sala capaz de proyectar una sombra tan grande, pero el que pudiera haber estado con el oído atento en tal lugar podría haber percibido el ruido de una respiración ligera. Con cada espiración audible, las llamas se repliegan, para alzarse a continuación. Se desplaza lentamente a través de la sala y vuelve a posarse en el trono, haciéndose así completamente visible a la mirada a cualquiera que en la Sala hubiera tenido ojos para ...