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Las campanas de Shoredan - Roger Zelazny

Ningún ser viviente habitaba en el territorio de Rahoringhast. Desde una era antes de esta era estaba el muerto dominio vacío de sonido, aparte del restallar de los truenos y el espit-espit-espit de las gotas de lluvia al rebotar en la piedra de los edificios y en las rocas.  Las torres de la Ciudadela de Rahoring seguían en pie; el gran arco, al que le habían arrancado las puertas, continuaba abierto, como una boca paralizada en un aullido de dolor y sorpresa de muerte; el campo que rodeaba el lugar se asemejaba al estéril paisaje de la luna. El jinete siguió el Camino de los Ejércitos, que terminaba en el arco de entrada y se adentraba en la Ciudadela. Tras él quedaba una sinuosa senda que descendía y descendía y retrocedía hacia el sur y hacia el oeste. Atravesaba frígidas siluetas de niebla matutina que se aferraban, entumecidas, al oscuro terreno lleno de agujeros, igual que escuadrones de gigantescas sanguijuelas.  La senda se curvaba en torno a las viejas torres, qu...

El Cascanueces y el rey de los ratones - E. T. A. Hoffmann (parte 3)

   La batalla —¡ Toca generala, vasallo Tambor! — exclam ó Cascanueces en alta voz. E inmediatamente comenz ó Tambor a redoblar de una manera art í stica, haciendo que retemblasen los cristales del armario. Entonces se oyeron crujidos y chasquidos, y Mar í a vio que la tapa de la caja en que Federico ten í a acuarteladas sus tropas saltaba de repente, y todos los soldados se echaban a la tabla inferior, donde formaron un brillante cuerpo de ej é rcito. Cascanueces iba de un lado para otro, animando a las tropas con sus palabras. — No se mueve ni un perro de Trompeta — exclam ó de pronto irritado. Y volvi é ndose hacia Pantal ó n, que algo p á lido balanceaba su larga barbilla, dijo: — General, conozco su valor y su pericia; ahora necesitamos un golpe de vista r á pido y aprovechar el momento oportuno; le conf í o el mando de la caballer í a y la artiller í a reunidas; usted no necesita caballo, pues tiene las piernas largas y puede f á cilmente galopar con ell...