Eddy C. Bertyn - Cuestión de rivalidad
Abrí la puerta del cuarto de espera luego de echar una ojeada a mis notas y ver quién era el próximo en la lista. -Pase, por favor, señor Thomson -dije. Entró, como la mayoría de ellos, poco seguro de sí mismo, secándose él sudor de sus grandes manazas rojas en el abrigo. Aunque hacía mucho calor aquella tarde y no hay duda de que debía estar sudando de lo lindo dentro de su abrigo de pieles, prefirió conservarlo puesto, lo mismo que su sombrero. Cogió, sin embargo, una silla y se sentó, mientras yo tomaba asiento detrás de mi gran mesa de caoba. De nuevo rechazó mi oferta de que se quitara el abrigo y el sombrero. Le examiné de arriba abajo. El señor Thomson era un hombre menudo y delgado, con el rostro como el de un halcón y una nariz demasiado larga. Tenía los ojos saltones como los de un sapo, lo que contribuía a darle aquella eterna expresión embobada. Sus manazas eran una contradicción al resto de su físico. No parecía dispuesto a empezar a hablar por impulso propio. -¿Qué puedo ...