Los siete gatos negros - Ellery Queen
La campanilla vibró sobre la puerta del "Establecimiento de Venta de Animales Domésticos", de Amsterdam Avenue, y Mr. Ellery Queen, frunciendo la nariz, entró en él. La extensión y la variedad de hedores del diminuto comercio no habrían avergonzado al mismísimo Jardín Zoológico de Nueva York. No obstante ello, sólo alojaba bestezuelas de escasísimas proporciones, todas las cuales, al segundo preciso de su entrada al local, iniciaron un espantoso coro. —¡Buenas tardes! —articuló una voz ríspida—. Soy Miss Curleigh. ¿En qué puedo servirle? En mitad del pandemónium, encontróse Mr. Ellery Queen bajo la mirada de un par de ojos mercuriales. Mediaban también otros detalles (la joven era esbelta, con abundosas guedejas, curvas graciosas y un hoyuelo risueño); pero los ojos atrajeron al momento su atención. Miss Curleigh, ruborizándose, repitió la pregunta. —Excuse usted... —respondió Ellery, volviendo a su asunto—. En el reino animal no existe, al parecer, una proporci...