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El judío errante - Thomas M. Disch

Y luego vino la época –fue alrededor del solsticio de verano– en que Ella se enamoró y se largó con el objeto de Su amor a los Poconos porque, según Ella, la ciudad ya le estaba resultando ominosa.  Entonces allí estábamos todos nosotros, los ocho, embutidos en la bañera y muriéndonos de sed lentamente, una vez recobrados del semi-ahogo inicial. Teníamos dos horas de sol cada mañana ¡en junio, imagínense! y la mayor parte del tiempo la luz no podía pasar a través de la cortina de la ducha, lo que estaba bien para mí, que soy una suculenta enredadera y prospero en lugares obscuros, pero compadezcan al pobre polipodio de espárragos. Nunca se recuperó. Sus tallos fueron del verde al amarillo y al marrón desteñido.  Mientras, el cóleo se debilitaba hasta morir, aunque revivió con mucha rapidez cuando Ella volvió y lo podó, lo que de cualquier forma venía haciendo falta, pues estaba creciendo demasiado. Nunca más se enamoraría, nos dijo, mientras Sus tijeras cortaban y expurgaban. ...

El judío errante - Rudyard Kipling

Si das una vuelta al mundo en dirección al Orien­te, ganas un día -le dijeron los hombres de ciencia a John Hay. Y durante años, John Hay viajó al este, al oeste, al norte y al sur, hizo negocios, hizo el amor y procreó una familia como han hecho muchos hom­bres, y la información científica consignada arriba per­maneció olvidada en el fondo de su mente, junto con otros mil asuntos de igual importancia. Cuando murió un pariente rico, se vio de pronto en posesión de una fortuna mucho mayor de lo que su carrera previa hubiera podido hacer suponer razo­nablemente, dado que había estado plagada de con­trariedades y desgracias. Es más, mucho antes que le llegara la herencia, ya existía en el cerebro de John Hay una pequeña nube, un oscurecimiento momen­táneo del pensamiento que iba y venía antes que lle­gara a darse cuenta de que existía alguna solución de continuidad.  Lo mismo que los murciélagos que ale­tean en torno al alero de una casa para mostrar que están cayendo las sombras...