Milagro en la Luna - Kurt Karl Doberer
Hacía algunos minutos que la antena direccional instalada en las anchas espaldas de mi termocoraza no recibía las señales... Comprobé el paso de los minutos en el cronómetro, para girar en círculo. Pero el zumbador permaneció mudo. El campamento ocho no enviaba la acostumbrada serie de ondas intermitentes. Preocupado, moví la cabeza dentro de la escafandra de plástico y acerqué la boca al micro. El leve crujido de la membrana me demostró que la ligera presión había sido suficiente para conectar debidamente el emisor... ¡Al menos me tenían que oír! —¡ Hallo, hallo ! —dije, sin duda de manera algo brusca y excitada—. ¡ Hallo, hallo ! ¡Aquí habla Dalton! Pero todo parecía estar en orden. Apenas transcurridos unos segundos, me contestó una voz grave y tranquila: — ¡Hallo , aquí el campamento! Le oímos, Dalton. Como de costumbre, no logré distinguir si era Mellton, el jefe, o nuestro técnico Maier. Supuse que sería este último. —¿Qué ocurre con...? —¿La señal? Ya v...