Garden Party - Amparo Dávila
El taxi se detuvo frente a una residencia muy iluminada de donde salían música, carcajadas e infinidad de voces. —Son 36.50 —dijo el chofer. —¿Quée di-ce? —preguntó el pasajero con tal extrañeza como si lo sacaran de un profundo sueño. -Que son 36.50 —¿Tre-inn-ta yse-iss cin-cu-enta? ¿De qués-ta-uss-ted ha-blan-do? Yono sé aqué se re-fi-ere. —Mire usted —replicó en tono airado el chofer, viendo cara a cara al hombre—, o me paga los 36.50 de la dejada, o me obligará a usar de éstos: —y le mostró los puños. — ¡Ah...! Sí... lade-ja-da, sí, us-tedd meha-tra-ído (hip) hass-taquí, ess-ci-erto. El pasajero comenzó entonces a buscar en los bolsillos del saco y después en los de los pantalones, hasta encontrar un billete arrugado que le entregó al chofer. Abrió la portezuela del automóvil y tropezó al poner los pies en el suelo. Con un gran esfuerzo consiguió recuperar el equilibrio y se dirigió a través del jardín hacia la entrada de la mansión. —¡Oiga amigo, aquí e...