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Mostrando las entradas etiquetadas como libertad

Aire - Andrés Neuman

 Persigo instantes únicos. Algún tiempo sin máscara. Un viaje sin destino. Aceptarlo. Eso es todo. Soy paracaidista. La primera vez que salté, me juré que sería la última. No fui capaz de soportar lo que veía. Después ya no supe vivir sin saltar. Cuando siento mi materia cortada por el aire y veo la tierra corriendo a mi encuentro, me vuelvo diáfano y cobarde: pido perdón, suplico, hago promesas. Es extraño el estado que uno alcanza al reencontrar, como por vez primera, la firmeza bajo sus pies. Pero uno echa a andar y se retracta. Olvida que ha rogado, que ha temido, y se envilece poco a poco. Así es como vivimos: nos hemos olvidado de la tierra que hay bajo nuestros pies. Después de la caída, la vida recupera todos sus milagros. Y es fácil olvidarlos. Comenzamos a andar, eso es todo. Entonces hace falta un nuevo salto. Y otro. Y otro. Y muy pronto lo que uno más anhela es dejarse caer. Soy súbdito del aire. Quién pudiera vivir aterrizando. Una dicha, me temo, imposible: en cu...

De padre a hijo - Italo Calvino

Pocos bueyes, en nuestros pagos. No hay prados donde pastar, ni campos grandes para arar: sólo ortigas para el ramoneo y breves franjas de una tierra que únicamente se rompe con la zapa. Además los bueyes y las vacas, anchos y plácidos como son, desentonarían en estos valles angostos y abruptos; aquí hacen falta animales flacos, puro tendón, que anden por las piedras: mulas y cabras. El buey de los Scarassa era el único de la quebrada y no desentonaba: era más fuerte y dócil que un mulo, un pequeño buey rechoncho y robusto, de carga; se llamaba Morettobello. Los dos Scarassa, padre e hijo, se ganaban la vida con el buey, haciendo viajes para los diversos propietarios del valle, llevando los sacos de trigo al molino, o las hojas de palma a los floristas, o las bolsas de abono de la cooperativa. Aquel día Morettobello se balanceaba bajo la carga equilibrada en los dos extremos de la albarda: leña de olivo para vender a un cliente de la ciudad. De la anilla que atravesaba las narices neg...

Aullidos de libertad - Manuel Yáñez

Pesaba ciento cuarenta kilos, medía dos metros y treinta centímetros de estatura y se hallaba encadenado a la pared. Todo en él era odio y deseos de venganza. No sabía que los seres humanos nacidos de mujer tienen un nombre propio. Le habían crecido en el rostro, especialmente sobre el labio superior, unos pelos que le parecían muy distintos a los que cubrían su cabeza. Vivía en la oscuridad aunque no podía ser considerado ciego. Sus recuerdos, escasos y primarios, se formaban de unos sonidos y de unas emociones apenas sin imágenes y carentes de palabras. Había sabido hablar, de eso hacía mucho tiempo, pero terminó por perder la voz de tanto gritar que le sacaran de allí. Por eso actuaba con su instinto racional, a la espera de la ocasión de descargar la hiel que almacenaba. Ignoraba la existencia del espejo, del peine y de la higiene personal. Sólo conocía aquel sótano, su reducido universo, aunque la imaginación le decía que tras aquella puerta, tan cercana e inalcanzable, debía ...

John, el esclavo - Cuento estadounidense

  S e llamaba John, un nombre tan común que era casi como no tener nombre. Quién sabe cómo se habría llamado si sus padres hubieran podido elegir, si hubieran vivido en libertad, allá en la lejana África, de la que ya casi no tenían recuerdos. Pero sus padres eran esclavos negros en América y no podían decidir ni siquiera el nombre de sus hijos. John era esclavo por fuera pero por dentro se sentía tanto o más libre que cualquiera. Con su gran inteligencia y su sentido del humor, desafiaba todos los días al amo y a sus capataces, haciendo reír a sus compañeros de esclavitud, que sin embargo temían constantemente por su vida. Harto de caer en sus trampas, el amo decidió que era hora de terminar con ese esclavo burlón, que lo hacía perder prestigio ante sus empleados y ante el resto de los cultivadores de algodón de la zona. Las bromas de John se comentaban incluso en los bailes de gala, y a su dueño, que era bastante tonto, le parecía que las damas sureñas se reían de él detrás d...