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El hombre con piernas - Al Sarrantonio

—No te creo. —Pues debes. —No. —Lo harás —insistió Nellie—. La prueba será un viaje en autobús. —Yo tengo la lista de precios —dijo Willie. Sus ojos relucían—, y pagaré nuestro viaje, pues no te creo, y haré que digas que no está allí. —Está. —Demuéstralo. —Sólo hay una manera. —Una manera —canturreó Willie—. Una manera —repitió, haciendo rodar las palabras por su lengua, sobre sus labios, y lanzándolas por último a la atmósfera. Los ojos de Nellie estaban ensombrecidos en contraste con los suyos jóvenes. —Lo demostraré —dijo ella, con frialdad. —Lo harás —coreó Willie. Después de que Willie fuese al baño (él siempre tenía que ir al baño), salieron de la casa. Se pusieron gruesos abrigos de invierno, espesas manoplas y negras botas brillantes, y se escurrieron de la casa por la puerta trasera, sigilosamente. La madre debía de estar en la parte delantera, junto a la cálida luz del televisor, contemplando sus soporíferas óperas. —Tenemos dos horas —dijo Willie, ...

Nieve, manzanas y cristal azogado - Neil Gaiman

  No sé qué clase de ser sea ella. Nadie lo sabe. Mató a su madre al nacer, pero eso no es suficiente para juzgar. Me llaman sabia pero estoy lejos de serlo, pues todo lo que pude vaticinar fueron fragmentos, momentos congelados atrapados en pilas de agua o en la fría superficie de un trozo de cristal azogado. Si hubiera sido sabia no habría tratado de cambiar lo que vi. Si hubiera sido sabia me habría inmolado antes de encontrarla, antes de haberlo atrapado a él. Sabia, y hechicera, es lo que ellos dicen; y yo había visto su rostro varonil en sueños y en superficies reflejantes durante toda mi vida: dieciséis años de soñar con él antes de que él atara su caballo junto al puente esa mañana y preguntara por mi nombre. Me ayudó a subir en su alto caballo y cabalgamos juntos hacia mi pequeña cabaña, mi cara sepultada en el oro de su cabellera. Él reclamó lo mejor que yo tenía; el derecho de un Rey, hablando con propiedad. Por la mañana su barba era de un rojo cobrizo, y lo reconocí,...