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Mostrando las entradas etiquetadas como dolor

El mensajero de las sombras - David Zurdo

El chapoteo de la cascada subterránea era como un arrullo para los oídos de Miriam. Sólo allí se sentía a salvo, en la profundidad de una galería que, siglos antes, sirvió de conducto de ventilación para una antigua mina romana. Recordaba como si hubiera sido el día antes cuando su madre le mostró por primera vez su acceso, oculto en una pared de roca mediante ramas y arbustos que ella misma había colocado. Nadie en la aldea, salvo su madre, sabía de la existencia de esa entrada. «Si alguna vez te persiguen, escóndete aquí», rememoró las proféticas palabras que le dijo cuando Miriam tenía sólo ocho años. No le preguntó de qué podría verse obligada a huir ni por qué podría necesitar esconderse. A esa edad ya había sentido las miradas recelosas de los aldeanos y el temor que le tenían a su madre, e incluso a ella.  Había corrido a esconderse en la mina tras huir de la abadía. Estaba hambrienta y tenía frío, pero confiaba en que nadie pudiera encontrarla allí. La oscuridad era total, ...

Ecos - Lawrence C. Conolly

Marie se quedo de pie en la cocina, con la mirada fija en los pájaros imantados que había sobre la puerta de la nevera. Poco después, Billy grita desde la sala reclamando leche para su hermano Paul. Ella no contestó. Paul hacía tres meses que había muerto. -¿Mami?- Miro a su alrededor, intentando recordar para qué haba ido a la cocina.-¡Mami! Paul quiere leche. ¿Puedes traérsela? El juego no podía continuar. Empezaba a ser aburrido. Billy ya era lo suficientemente mayor como para comprender la muerte, para poder comprender que era imposible que Paul estuviese en la sala mirando la televisión. Billy tenía seis años. Paul, de no haberse ido, tendría cinco. Dio la vuelta para regresar a la sala y sintió el agudo e hiriente dolor en su espalda, que el médico le había dicho que sentiría el resto de su vida. Marie tenía veintinueve años. El resto de su vida... Eso era mucho tiempo si moría de vieja y no de otro accidente. Se preguntó si alguna vez podría considerar el dolor como ...

Nuestra Señora de las Golondrinas - Marguerite Yourcenar

El monje Therapion había sido en su juventud el discípulo más fiel del gran Atanasio; era brusco, austero, dulce tan sólo con las criaturas en quienes no sospechaba la presencia de los demonios. En Egipto había resucitado y evangelizado a las momias; en Bizancio había confesado a los Emperadores: había venido a Grecia obedeciendo a un sueño, con la intención de exorcizar a aquella tierra aún sometida a los sortilegios de Pan.  Se encendía de odio cuando veía los árboles sagrados donde los campesinos, cuando enferman de fiebre, cuelgan unos trapos encargados de temblar en su lugar al menor soplo de viento de la noche; se indignaba al ver los falos erigidos en los campos para obligar al suelo a producir buenas cosechas, y los dioses de arcilla escondidos en el hueco de los muros y en la concavidad de los manantiales.  Se había construido con sus propias manos una estrecha cabaña a orillas del Cefiso, poniendo gran cuidado en no emplear más que materiales bendecidos.  Los ca...