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Tabú - Enrique Anderson Imbert

El ángel de la guarda le susurra a Fabián, por detrás del hombro:

–¡Cuidado, Fabián! Está dispuesto que mueras en cuanto pronuncies la palabra zangolotino.

–¿Zangolotino?  –pregunta Fabián azorado.

Y muere.

Rincón de la Poesía: Ángel de alas amarillas - Sivela Tanit

Vuela ángel de palabras tristes,
lava mis angustias con tus lágrimas,
con tu aliento sana los desgarros de mi espíritu
que surgen al caminar por la vida;
borra el dolor, la traición, la ira...
sopla suave sobre mi corazón.
 
No permitas que huyan mis sueños,
mi esperanza y todo lo que Soy.
 
Vuela ángel de alas amarillas, 
llévate mi cobardía e indecisión,
arranca la raíz de la duda
y vierte de la pasión su licor.
 
Ángel mío que vives de palabras tristes 
Concédeme que el afligido suspiro mio,
no me regrese a la agonía.
Si abrazas mi desgracia y depresión
tendré un leve suspiro de valor.
 
Hoy vivo fragmentada en el desamparo
mi cabeza de piedra necesita el batir de tus alas,
¡libérame del peso, el agobio y la asfixia!
 
Si te alejas con las palabras tristes
con las espinas de mi vida
y las desilusiones del presente,
tendré la fuerza del combate
levantarme y mirar de frente al terror.
 
Permíteme un segundo, un respiro de mi aflicción
me aferraré a la audacia, a la esperanza
al merecimiento de lo mejor.
Sé, con la oportunidad de ese instante,
que mi brazo será una espada,
mis piernas una fortaleza, mi mente la ligereza,
mi espíritu el vigor.
 
Veré a la vida de frente, 
a ella le gritaré que no le tengo miedo,
que puedo soportar sus infortunios,
porque tu Ángel mío de palabras tristes
te has llevado lo que hoy es agonía
y volveré a ser todo lo que Soy.

Rincón de la Poesía: El ángel y el vampiro - Leopoldo Alas

Pasé la vida entre vampiros y ángeles, 

librando con paciencia los unos mi energía,

los otros trasvolando mis días más sentidos.

Todos los trances de luz fueron suyos:

el ángel los del cuerpo, los del alma al vampiro.

Al sol como en las sombra estuve ciego

y en el tránsito hacia el cenit, perdido. 

Confundí las alas blancas con las capas negras.

Gusté besando al ángel, los labios del vampiro. 

Siempre acudí a la cita con lo eterno.

Cada vez que llamó, me encontraba.

Unas veces hermoso y otras veces oscuro,

el timbre de su voz me subyugaba,

la miel de su sonrisa me encendía,

y bailábamos juntos, el ángel o el vampiro

y yo que nunca supe muy bien con quien bailaba.