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Vida de los vampiros - Jorge Ibargüengoitia

El vampirismo no es enfermedad. Los vampiros son muertos que andan –explica un científico a la mitad de toda película de vampiros.

La vampirología es un conocimiento extenso. Admirable si se tiene en cuenta que es el estudio de algo que no existe. Además de ser extenso, está muy extendido: la gente común y corriente sabe más de vampiros que de los otomíes, por ejemplo.

En las películas de vampiros, los espectadores saben más de vampirología que los protagonistas, que para enterarse de lo que está pasando tienen que recurrir a un pequeño manual del siglo XVIII, o bien a un pergamino, que desenrollan con música de fondo, de preferencia de armonio. El que abre el manual o desenrolla el pergamino aprende muchas cosas, pero está casi siempre perdido, con grandes probabilidades de terminar vampirizado.

Los demás protagonistas, en cambio, no dan pie con bola, y hacen una serie de cosas que a nadie se le ocurriría hacer sabiendo que la película es de vampiros: caminar por el bosque a la media noche, entrar en los cementerios, andar jaloneando tumbas, meterse en un castillo medieval sin encender la luz, dormir con la ventana abierta, darle la espalda a unos cortinajes de brocado, colgar de la pared cuadros de difuntos dientones…

Como tenía que ocurrir con tanto descuido, alguien aparece desangrado y con los dos típicos colmillazos en el pescuezo.

La intervención de la policía en el caso es torpe y los dictámenes patéticos: se sospecha, por ejemplo, que el desangrado fue atacado por liebres.

Nunca se ha sabido de vampiros plebeyos, siempre pertenecen a las mejores familias. Han sido enterrados con leontina, gorguerra y un anillo, en un ataúd muy cómodo, en donde han pasado varios siglos. Para despertarlos basta cualquier descuido: alguien se corta y la sangre escurre hasta la cripta, o bien un tonto abre el ataúd creyendo que está lleno de joyas.

Una vez conjurado el vampiro se vuelve un engorro, que es lo que le da interés a la película, y es necesario aniquilarlo, que es lo que produce el final. Pero mientras llegamos a eso, conviene estudiar a fondo sus costumbres.

Reflexionemos por ejemplo sobre el atractivo que los vampiros, a pesar de ser feísimos, tienen sobre las mujeres. Siempre se mueven en círculos sociales repletos de guapas y a todas seducen. Gente que en la vida real sería incapaz de producirle pasión a una mosca, adquiere en la película una fascinación irresistible, debida en parte al redingote y en parte al peinado estilo Directorio. No sólo se alimentan de ellas, sino que las esclavizan, entran en sus habitaciones por la ventana, las obligan a caminar descalzas y en camisón por páramos helados, por pasadizos secretos o por pretiles y lo que es peor, quieren casarse con ellas en ceremonias heterodoxas, en las que siempre interviene un ataúd.

Pero ser vampiro tiene sus desventajas.

-Hace doscientos cuarenta años que no veo la luz del día-, dice el vampiro que vi en la última película.

Pasan el día durmiendo en el ataúd y cuando anochece salen a cenar. Debido en parte a estas limitaciones y en parte a que en su existencia anterior tuvieron buena servidumbre, siempre se las arreglaban para tener mozos fidelísimos, encargados de hacer las labores que sea necesario despachar a la luz del día, y evitar que algún entrometido llegue a la habitación y encuentre al vampiro dormido en su sepulcro.

Como todos sabemos, los vampiros no se reflejan en el espejo, ni proyectan sombra. En esto los reconocemos, porque los colmillos famosos son plegables y no los sacan más que cuando les conviene. También pueden, según parece, comer de todo y hasta beber cosas que no sean sangre humana. La vista de la cruz les hace tanto daño como el sol.

El vampirismo no es enfermedad, pero se contagia. Por esta razón es necesario aniquilar a los vampiros. No es fácil matarlos, porque como ya dijimos, ya están muertos. Sin embargo, es posible rematarlos con balas de plata –que también sirven para matar a los lobos humanos- o a martillazos, atravesándoles con una estaca el corazón.

Estos dos procedimientos para deshacer vampiros, además de ser complicadísimos, tienen el defecto de ser sangrientos. Por eso yo recomiendo, para final de película vampiresca, que al vampiro se le haga tarde y le amanezca. Puede derretirse y convertirse en un charco, puede irse cuarteando y acabar en un montoncito de tierra, puede también evaporarse, quedar en forma de mal olor y antes de desaparecer por completo puede ser percibido por un perro, y hacerlo aullar.


Algo mío - Sivela Tanit

    La lectura, para mí, significó abrir una dimensión nueva y espectacular, la vida adquiría sentido y un motivo.

Siempre leía lo que caía en mis manos, como suele suceder mi primer acercamiento fue con la biblioteca de mi casa, recuerdo los cuentos que venían en los libros de la escuela, mi mamá me compró una enciclopedia para niños permeada de muchas historias, cuentos, poemas, resúmenes de novelas y artículos de conocimiento en general.   

Más adelante, estando en secundaria comencé a leer cosas que les encargaron a mis hermanos mayores de cuando cursaron su secundaria o preparatoria, como “Corazón: Diario de un niño” escrita por Edmundo de Amicis; “María” de Jorge Isaacs; “Las dos caras de la moneda” del autor Ellery Queen; “Un mundo feliz” novela del escritor Aldous Huxley, entre otras.

El acercamiento con cada uno de esas novelas me dio una perspectiva diferente de lo que se podía crear. Debo confesar que en ese entonces no tenía la capacidad de entender la lectura en una primera leída, tuve que hacerlo lento, repetir hojas y consultar muchas veces el diccionario, pero todo ello me ayudó a entender y a crecer como lectora, me hizo madurar en mi capacidad interpretativa y en mi nivel de ortografía y redacción.

En la preparatoria, ya conocía el género de los ensayos con Octavio Paz y su famoso “Laberinto de la Soledad” y tuve el privilegio de leer su primera versión, antes de que televisa le diera un contrato y él aligerara la carga critica de su obra, leí partes de “Don Quijote de la Mancha” escrita por Miguel de Cervantes Saavedra, me adentré con “El principito” de Antoine de Saint-Exupéry.​ Conocí autores mexicanos como José Emilio Pacheco, Carlos Fuentes, Ricardo Garibay, Armando Ramírez, Rosario Castellanos, entre otros.

La profesión que tomé me alejó un poco de la literatura, pero nunca la olvidé.

Leer me hace libre y me hace soportable la rudeza de la vida.

 

Cuando ya comencé a trabajar me pagué cursos que me acunaron en lo que más me gustaba: leer, disfrutar y también comencé a desarrollar un gusto por el género fantástico, (horror, policíaco, ciencia ficción) y las novelas biográficas.

Gozaba tanto con lo que leía y descubría, cada vez que un cuento o novela se abría ante mí con sus giros en el final, que yo deseaba poderlo compartir con todos, quería que los demás sintieran como su corazón se aceleraba o se detenía, como las neuronas del cerebro explotaban al descubrir un final que no se esperaba, la emoción de la sorpresa que esperaba al protagonista y a uno como lector, entonces, llena de esperanza, hice un blog.

En este blog comencé a subir los cuentos que amaba, los que me sorprendían, mis favoritos o los que me habían cautivado. Al día de hoy, han pasado 12 años y siguiendo la vida, he logrado hacer una pequeñísima biblioteca, siempre con el afán de alcanzar a los amantes de la lectura como yo, o por lo menos atrapar a algún curioso y que descubra que sí le gustan y continúe en el camino.

Sin embargo todo evoluciona y todo cambia, cada vez observo que todo se aleja de la lectura de calidad y se busca lo simple, lo que no hace pensar, lo que entretiene y mantiene a la mente como una sopa aguada.

Y me entristece.

 

Este es mi blog, que ofrece historias alternas a la realidad, que da la oportunidad de hacerte soñar y sorprenderte. La contribución de mi blog, es para hacerte pensar y crecer.  

 

No espero que nadie lo tome, no espero que nadie lo lea.

 

Esto es algo mío y lo comparto con gusto.