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Mostrando las entradas etiquetadas como Vida

Vida de los vampiros - Jorge Ibargüengoitia

El vampirismo no es enfermedad. Los vampiros son muertos que andan –explica un científico a la mitad de toda película de vampiros. La vampirología es un conocimiento extenso. Admirable si se tiene en cuenta que es el estudio de algo que no existe. Además de ser extenso, está muy extendido: la gente común y corriente sabe más de vampiros que de los otomíes, por ejemplo. En las películas de vampiros, los espectadores saben más de vampirología que los protagonistas, que para enterarse de lo que está pasando tienen que recurrir a un pequeño manual del siglo XVIII, o bien a un pergamino, que desenrollan con música de fondo, de preferencia de armonio. El que abre el manual o desenrolla el pergamino aprende muchas cosas, pero está casi siempre perdido, con grandes probabilidades de terminar vampirizado. Los demás protagonistas, en cambio, no dan pie con bola, y hacen una serie de cosas que a nadie se le ocurriría hacer sabiendo que la película es de vampiros: caminar por el bosque a la media ...

Orgullo - Rubem Fonseca

En varias ocasiones había oído decir que por la mente de quien está muriendo ahogado desfilan con vertiginosa rapidez los principales acontecimientos de su vida y siempre le había parecido absurda tal afirmación, hasta que un día ocurrió que estaba muriendo y mientras moría se acordó de cosas olvidadas, de la noticia del periódico según la cual en su infancia pobre él usaba zapatos agujerados, sin calcetines y se pintaba el dedo del pie para disimular el hoyo, pero él siempre había usado calcetines y zapatos sin hoyo, calcetines que su madre zurcía cuidadosamente, y se acordó del huevo de madera muy liso y suave que ella metía en los calcetines y zurcía, zurciendo todos los años de su infancia, y se acordó de que desde niño no le gustaba beber agua y si se bebía un vaso lleno se quedaba sin aire, y por eso permanecía el día entero sin beber una gota de líquido pues no tenía dinero para jugos o refrescos, y que a veces a escondidas de su madre hacía refresco con la pasta de dientes Koly...

El gato y el ratón hacen vida en común - Hermanos Grimm

Un gato había trabado conocimiento con un ratón, y tales protestas le hizo de cariño y amistad que, al fin, el ratoncito se avino a poner casa con él y hacer vida en común. —Pero tenemos que pensar en el invierno, pues de otro modo pasaremos hambre —dijo el gato—. Tú, ratoncillo, no puedes aventurarte por todas partes; al fin caerías en alguna ratonera. Siguiendo, pues, aquel previsor consejo, compraron un pucherito lleno de manteca. Pero luego se presentó el problema de dónde lo guardarían, hasta que, tras larga reflexión, propuso el gato: —Mira, el mejor lugar es la iglesia. Allí nadie se atreve a robar nada. Lo esconderemos debajo del altar y no lo tocaremos hasta que sea necesario. Así, el pucherito fue puesto a buen recaudo. Pero no había transcurrido mucho tiempo cuando, cierto día, el gato sintió ganas de probar la golosina y dijo al ratón: —Oye, ratoncito, una prima mía me ha hecho padrino de su hijo; acaba de nacerle un pequeñuelo de piel blanca con manchas pardas, y...

El mal - Silvina Ocampo

Una noche rodearon la cama contigua con biombos. Alguien explicó a Efrén que su vecino estaba agonizando.    Ese vecino perverso no sólo le había robado la manzana que estaba sobre la mesa de luz, sino el derecho a gozar de la protección de esos biombos, en cuya otra faz había seguramente pintadas flores y figuras de querubes.    Esta circunstancia oscureció la alegría de Efrén. Asimismo, con sábanas y frazadas para cubrirse, estaba en el paraíso. Veía de soslayo la luz rosada de los ventanales. De vez en cuando le daban de beber; tenía conciencia del alba, de la mañana, del día, de la tarde y de la noche, aunque las persianas estuvieran cerradas y que ningún reloj le anunciara la hora.    Cuando estaba sano solía comer con tanta rapidez que todos los alimentos tenían el mismo sabor. Ahora, reconocía la diferencia que hay hasta en los gustos de una naranja y de una mandarina. Apreciaba cada ruido que oía en la calle o en el edificio, las voces y los gritos,...

Cuento del Sepulturero - Lastenia Larriva de Llona

 — ¿La muerte es un bien? — ¿La muerte es un mal? — La muerte es el peor de los males. — ¿Para quién? ¿Para el que muere? ¿Para los que sobreviven? — Para el que deja por siempre esta vida, que por mucho que en contra de ella se diga es siempre amable. — Para los que aquí se quedan, si el que ha muerto era muy amado de ellos. — De la muerte del ser más querido se consuelan todos, más pronto o más tarde. — Es sabia ley de la naturaleza. — Sin embargo, se dan casos… — Cuando existe o sobreviene un desequilibrio mental, las personas de cerebro bien organizado se consuelan siempre. — ¿Es eso un elogio o un reproche? — Ni una ni otra cosa. Es simplemente hacer constar un hecho. — ¿No cree usted que hay muchas personas que desearían ardientemente que resucitaran sus deudos, a ser esto posible? — No, no lo creo. — ¡Escéptico! — ¡Este hombre es terrible! — Desengáñense ustedes: bien están los muertos en sus tumbas. — ¿Se ha muerto usted alguna vez? — Todavía no, pero para cuando llegue el ...

Abrió los ojos - Juan Ramón Jiménez

Abrió los ojos. (Había estado tirado en su butaca toda la mañana fea, durmiendo su largo, desesperado hastío.)  Las cuatro paredes de su cuarto estaban oscuras de tanto deslumbre. Una ventanita cuadrada cortaba el cuadro resplandeciente.  Un cielo azul limpio, casas radiantes de sol y sombra, una plaza llena de gentes gritando y corriendo.  "Ésa es la Vida, sal", le dijeron seres oscuros por dentro de su sangre. Y se tiró por la ventana.

Vida Moderna - Eduardo Wilde

  Mi querido amigo: Por fin me encuentro solo con mi sirviente y la cocinera, una señora cuadrada de este pueblo, muy entendida en política y en pasteles criollos. Ocupo una casa vacía que tiene ocho habitaciones, un gran patio enladrillado y un fondo con árboles y con barro. Tengo dos caballos de montar y uno de tiro. Mi dotación de amigos es reducida; total: dos viejos maldicientes.  He traído libros y pa­so mi vida leyendo, paseando, comiendo y dur­miendo. Esto por sí sólo constituye una buena parte de la felicidad; el complemento - ¡quién lo creyera! ­se encuentra también a mi alcance, aquí, en este pueblo solitario y en esta casa medio arruinada y desierta ¡soy completamente feliz!  Básteme decirte que nadie me invita a nada, que no hay banquetes ni óperas ni bailes y, lo que parece mitológico en mate­ria de suerte, no tengo ni un bronce ni un mármol ni un cuadro antiguo ni moderno; no tengo vajilla ni cubiertos especiales para pescado, para espárragos, para ostras, ...

La piedra de las estrellas - Valentina Zuravleva

    Hace cinco siglos, un meteorito cayó cerca de la ciudad de Ensisheim, en el Alto Rin. Para que el cielo no volviera a llevárselo lo ataron con cadenas al muro de la iglesia. Un hábil artesano grabó en él estas palabras: «a propósito de esta piedra, son numerosos los que saben mucho, todos saben algo, pero nadie sabe lo suficiente». Cuando pienso en el meteorito de Pamir, acuden involuntariamente a mi recuerdo aquellas palabras. A propósito de él, yo sé mucho; sin duda más que cualquier otra persona. Pero estoy lejos de saberlo todo. Sin embargo, me acuerdo perfectamente de lo esencial. Tan perfectamente como si datara de ayer. Hace seis meses, los periódicos anunciaron la caída de un meteorito en el Pamir. Aquella breve información, apenas media docena de líneas, retuvo inmediatamente mi atención. Tal vez penséis: ¿qué podía haber de interesante en un meteorito para un bioquímico?  Debo aclarar que los bioquímicos siguen con mucha atención todo lo que concierne a...