Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Grimm

El gato y el ratón hacen vida en común - Hermanos Grimm

Un gato había trabado conocimiento con un ratón, y tales protestas le hizo de cariño y amistad que, al fin, el ratoncito se avino a poner casa con él y hacer vida en común. —Pero tenemos que pensar en el invierno, pues de otro modo pasaremos hambre —dijo el gato—. Tú, ratoncillo, no puedes aventurarte por todas partes; al fin caerías en alguna ratonera. Siguiendo, pues, aquel previsor consejo, compraron un pucherito lleno de manteca. Pero luego se presentó el problema de dónde lo guardarían, hasta que, tras larga reflexión, propuso el gato: —Mira, el mejor lugar es la iglesia. Allí nadie se atreve a robar nada. Lo esconderemos debajo del altar y no lo tocaremos hasta que sea necesario. Así, el pucherito fue puesto a buen recaudo. Pero no había transcurrido mucho tiempo cuando, cierto día, el gato sintió ganas de probar la golosina y dijo al ratón: —Oye, ratoncito, una prima mía me ha hecho padrino de su hijo; acaba de nacerle un pequeñuelo de piel blanca con manchas pardas, y...

El Lobo y las Siete Cabritas - Hermanos Grimm

  Érase una vez una vieja cabra que tenía siete cabritas, a las que quería tan tiernamente como una madre puede querer a sus hijos. Un día quiso salir al bosque a buscar comida y llamó a sus pequeñuelas. -Hijas mías -les dijo-, me voy al bosque; mucho cuidado con el lobo, pues si entra en la casa las devorará a todas sin dejar ni un pelo. El muy bribón suele disfrazarse, pero lo reconocerán enseguida por su ronca voz y sus negras patas. Las cabritas respondieron: -Tendremos mucho cuidado, madrecita. Puedes irte tranquila. Se fue la cabra despidiéndose con un balido y, confiada, emprendió su camino. No había transcurrido mucho tiempo cuando llamaron a la puerta y una voz dijo: -Abran, hijitas. Soy su madre, estoy de vuelta y les traigo algo para cada una. Pero las cabritas comprendieron, por lo rudo de la voz, que era el lobo. -No te abriremos -exclamaron-. No eres nuestra madre. Ella tiene una voz suave y cariñosa, y la tuya es ronca y áspera, eres el lobo. Entonces el lobo fue a l...

El mozo que quería aprender lo que es el miedo - Hermanos Grimm

      Érase un padre que tenía dos hijos, el mayor de los cuales era listo y despierto, muy despabilado y capaz de salir con bien de todas las cosas. El menor, en cambio, era un verdadero zoquete, incapaz de comprender ni aprender nada, y cuando la gente lo veía, no podía por menos de exclamar: «¡Éste sí que va a ser la cruz de su padre!». Para todas las faenas había que acudir al mayor; no obstante, cuando se trataba de salir ya anochecido a buscar alguna cosa, y había que pasar por las cercanías del cementerio o de otro lugar tenebroso y lúgubre, el mozo solía resistirse: —No, padre, no puedo ir. ¡Me da mucho miedo! Pues, en efecto, era miedoso. En las veladas, cuando reunidos todos en torno a la lumbre, alguien contaba uno de esos cuentos que ponen carne de gallina, los oyentes solían exclamar: «¡Oh, qué miedo!». El hijo menor, sentado en un rincón, escuchaba aquellas exclamaciones sin acertar a comprender su significado. —Siempre están diciendo: «¡Tengo...