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Mostrando las entradas etiquetadas como moribundo

Orgullo - Rubem Fonseca

En varias ocasiones había oído decir que por la mente de quien está muriendo ahogado desfilan con vertiginosa rapidez los principales acontecimientos de su vida y siempre le había parecido absurda tal afirmación, hasta que un día ocurrió que estaba muriendo y mientras moría se acordó de cosas olvidadas, de la noticia del periódico según la cual en su infancia pobre él usaba zapatos agujerados, sin calcetines y se pintaba el dedo del pie para disimular el hoyo, pero él siempre había usado calcetines y zapatos sin hoyo, calcetines que su madre zurcía cuidadosamente, y se acordó del huevo de madera muy liso y suave que ella metía en los calcetines y zurcía, zurciendo todos los años de su infancia, y se acordó de que desde niño no le gustaba beber agua y si se bebía un vaso lleno se quedaba sin aire, y por eso permanecía el día entero sin beber una gota de líquido pues no tenía dinero para jugos o refrescos, y que a veces a escondidas de su madre hacía refresco con la pasta de dientes Koly...

Un mensaje imperial - Franz Kafka

"El Emperador, tal va una parábola, os ha mandado, humilde sujeto, quien sois la insignificante sombra arrinconándose en la más recóndita distancia del sol imperial, un mensaje; el Emperador desde su lecho de muerte os ha mandado un mensaje para vos únicamente. Ha comandado al mensajero a arrodillarse junto a la cama, y ha susurrado el mensaje; ha puesto tanta importancia al mensaje, que ha ordenado al mensajero se lo repita en el oído. Luego, con un movimiento de cabeza, ha confirmado estar correcto. Sí, ante los congregados espectadores de su muerte —toda pared obstructora ha sido tumbada, y en las espaciosas y colosalmente altas escaleras están en un círculo los grandes príncipes del Imperio— ante todos ellos, él ha mandado su mensaje.  El mensajero inmediatamente embarca su viaje; un poderoso, infatigable hombre; ahora empujando con su brazo diestro, ahora con el siniestro, taja un camino a través de la multitud; si encuentra resistencia, apunta a su pecho, donde el símbolo de...

El pianista holandés - Andrés Neuman

  Recuerdo que llovía. No digo que mucho. Unas gotas. Mientras subíamos la cuesta el aire se enfriaba, porque en esta ciudad, no sé por qué, hace más frío en verano. El mirador ofrecía en bandeja los tejados. Atardecía. Las nubes de colores violentos nos parecieron témperas volcadas. Mezcladas con la llovizna, las ondas de un sonido nos detuvieron: era un piano. Provenía de una de las casas, al pie del mirador. Nos acercamos corriendo al umbral. Durante un rato escuchamos la espléndida, triste melodía de aquel piano.  De repente hubo una pausa, un carraspeo agrio, silencio.  Después la melodía se reanudó. Ella y yo nos miramos intrigados. No sabíamos que por allí viviera ningún pianista. Sentados en el umbral, nos intercambiábamos hipótesis en voz baja: Es un estudiante de conservatorio; no, una profesora aburrida; un concertista ensayando; mejor que eso, un compositor viudo. Nos reímos a carcajadas, pero callamos de inmediato al notar que el piano había enmudecido. Esp...

El mar del espejo - Lawrence Yep

Cielo irreal. Mar irreal. Cuando se puso el sol enano y se enfrió la superficie del mar de cristal, fueron apareciendo jirones de una piel oscura y arrugada, y, entre ellos, pude ver mi propio reflejo. La imagen del ser humano con su traje espacial era tan perfecta que podría haber sido mi propio cuerpo irreal aprisionado dentro del mar, y mi persona sobre el mar podría ser sólo un objeto etéreo, un espíritu humano suspendido sobre los grandes y oscuros misterios de otro mundo, empeñado en recuperar su antiguo cuerpo. El aire color sangre pareció tornarse más oscuro y más sólido, como si el cielo se hiciera carne para envolverme. Incesantes ondulaban las olas desde el horizonte: marejadas de fluido resinoso se extendían perezosamente pendiente arriba, se detenían un instante como gigantescas amebas de transparente vidrio violeta para escurrirse luego otra vez hacia el mar. Las constelaciones desconocidas comenzaron a aparecer en el cielo violeta a mis espaldas y avisté la estre...