Te encontré aquella vez y supe que te quería.
Eras el príncipe de mi vida, eras el amor de mi sueño cauteloso, escondido en la espera.
Me besaste por primera vez y tu rodilla tocaba el pasto húmedo.
Tus palmas las mostrabas al viento y te creí. Como la verdad en los ojos de la inocencia pura.
Nos vimos las mismas veces que hay de diversidad en los pájaros y nos acariciamos la misma cantidad de plumas en sus cuerpos.
Llegó el preciso momento de la verdad, donde el sueño cunde y es fuerte la ansiedad de la voluntad.
Toqué la esperanza, realicé el viaje a la inmensidad del universo.
Regresé de mi camino y tu tomas otro mucho más lejos… quedó en mí la semilla del desengaño sin arrepentimiento, de la novedad del descubrimiento y ahora la historia de ese encuentro queda así.
El destino no sabe mi camino y yo me pregunto
¿Es obvio lo que pregunto?
Mi corazón llora y pierde la esperanza.
Mi cuerpo tiembla de soledad.
Mi alma cómo la célula muerta de nuestro amor.
Sabe que todo es oscuridad.
Deja que en tu vida entre el enigma de la lectura de lo asombroso, lo otro, lo oculto, lo que siempre acecha a un paso de tu hombro izquierdo, el escalofrío que percibiste con el rabillo del ojo.
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Rincón de la Poesía: Célula - Sivela Tanit
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