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Rebelión en la Granja - George Orwell

  Días después, cuando ya había desaparecido el terror producido por las ejecuciones, algunos animales recordaron —o creyeron recordar­— que el sexto mandamiento decretaba: «Ningún animal matará a otro animal». Y aunque nadie quiso mencionarlo al oído de los cerdos o de los perros, se tenía la sensación de que las matanzas que habían tenido lugar no concordaban con aquello. Clover pidió a Benjamín que le leyera el sexto mandamiento, y cuando Benjamín, como de costumbre, dijo que se negaba a entrometerse en esos asuntos, se fue en busca de Muriel. Mu­riel le leyó el Mandamiento. Decía así: «Ningún animal matará a otro animal sin motivo». Por una razón u otra, las dos últimas palabras se les habían ido de la memoria a los animales. Pero comprobaron que el Mandamiento no fue violado; porque, evidentemente, hubo motivo sobrado para matar a los traidores que se coali­garon con Snowball. Durante este año los animales trabajaron aún más duramente que el año anterior. Reconstruir el mo...

Una esfera perfecta - Eduardo Vaquerizo

  1 Una esfera perfecta, roja, trémula en la punta de mi dedo. Apenas un movimiento y caerá. Se apagaran las mil velas de la sala del trono, arderán las sillas de los regidores y el sol teñirá de fuego por última vez las cúpulas de la ciudad alta. Indiferentes, los pájaros sagrados gritarán al atardecer como han hecho siempre, como siempre seguirán haciendo. Esa esfera al borde del abismo, más allá de la velocidad, de las pasiones, de la vida. Una mañana escuché tumulto. Justo delante del puesto unos orgos oscuros, de músculos nudosos como raíces barnizadas, apartaban a la gente a empellones. Sin esfuerzo aparente transportaban un aparatoso palanquín ornado de cobre y plata que se bamboleaba debido a su paso vivo.  Una niña de unos doce años, rapada según una condantía hereditaria y vestida con el ocre de la niñez, asomó desde detrás del terciopelo de la cortina y me miró de medio lado.  Tan asombrado estaba que no pude moverme. Esa mirada... nunca había visto nad...