Deletreo el espacio y no comprendo
esas gotas de luz en plena noche
que tiemblan, que se ensanchan, que se encogen,
y expresan desde el cielo
las frases de su pulso luminoso.
Yo no sé si es altura o es abismo
el sitio en donde asoman,
o si son o no son; pero las miro
como enjambre de islas en incendio
y sufro su atracción, su intenso brillo,
su tímido mirar...
Las cuento, muchas veces, muchas veces...
Me olvido de la cuenta y me detengo
para empezar la cuenta nuevamente,
y la vuelvo a perder, cayendo siempre
en la fuga de un número disperso.
Las cuento, muchas veces, muchas veces...
Y si gozo al contar, es porque siento
que capto más y más, al Creador,
cuando sumo y me sumo en sus estrellas.
Deja que en tu vida entre el enigma de la lectura de lo asombroso, lo otro, lo oculto, lo que siempre acecha a un paso de tu hombro izquierdo, el escalofrío que percibiste con el rabillo del ojo.
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Rincón de la Poesía: Nocturna suma - Elías Nandino
Rincón de la poesía: Dentro de mí - Elías Nandino
Con los ojos
altamente asomados
a la noche
contemplo las
estrellas
y, dentro de mí,
en el río
incansable de mi sangre,
las siento y las
descubro
reflejadas,
luminosas y
hondas,
como si mi entraña
fuera
el mismo cielo
en donde están
ardiendo.
Rincón de la Poesía: Poema de mi fe - Elías Nandino
Es que no necesito de dogmas religiosos
para creer en Dios.
Estoy convencido
de que existe. Y no por que capte
algún sentido de mi cuerpo
el roce de sus tactos misteriosos,
ni tampoco porque lo invente
en los peligrosos instantes
para darme valor. Si yo he creído,
es porque lo escucho hablar en mi entraña,
escondido en el mar de mi sangre,
dictándome amoroso
con una voz inmensa que parece fundirse
con mi propio silencio,
en íntima armonía:
el poema desnudo que no puede decirse
porque no hay palabras que den su profesía.
Y por este poema
que, aunque no puede asirse,
me circula por dentro,
creo en Dios: ¡POESÍA!
para creer en Dios.
Estoy convencido
de que existe. Y no por que capte
algún sentido de mi cuerpo
el roce de sus tactos misteriosos,
ni tampoco porque lo invente
en los peligrosos instantes
para darme valor. Si yo he creído,
es porque lo escucho hablar en mi entraña,
escondido en el mar de mi sangre,
dictándome amoroso
con una voz inmensa que parece fundirse
con mi propio silencio,
en íntima armonía:
el poema desnudo que no puede decirse
porque no hay palabras que den su profesía.
Y por este poema
que, aunque no puede asirse,
me circula por dentro,
creo en Dios: ¡POESÍA!
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