En su interioridad tan guardada que ni murmura lo que está soñando, en la noche para nada interrumpida en su silencio, el hombre sueña la muerte repentina de un ser querido.
La mujer, que duerme a su lado, da un grito desgarrado de pena.
El hombre despierta.
Ella sigue durmiendo, pero soñando que llora.
Deja que en tu vida entre el enigma de la lectura de lo asombroso, lo otro, lo oculto, lo que siempre acecha a un paso de tu hombro izquierdo, el escalofrío que percibiste con el rabillo del ojo.
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Durmientes - Antonio di Benedetto
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