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La luna y el bastón - Zoé Valdés

No es nada fácil ser nieto de unos abuelos imposibles. Sobre todo conociendo que a los abuelos les da la chochería de la vejez con cogerles un amor irracional a los hijos de sus hijos. Como si a través de ellos pudieran alargar su existencia; afanados en aferrarse a la vida sé encaprichan en los chicos con una veneración rayana en la demencia.  Pepe Babalú había sido criado por los padres de sus padres. Es decir por el negro Dupont y la gallega Clemencia. Las primeras palabras que escuchó Pepe Babalú, en realidad, fue una discusión muy acalorada, a grito pelado. Apenas había transcurrido una hora de su nacimiento. Clemencia deseaba bautizarlo con el nombre de José, y Dupont se negaba contrariado justificando su negativa con el hecho de que ya él había escogido el nombre de Babalú, en honor de su santo Babalú Ayé, al cual él había prometido que si su nieto nacía varón, como era el caso, pues le pondría tal nombre. -¿Y por qué no Lázaro? -preguntó Clemencia con los brazos en jarra ...

El Cometa Halley - Reinaldo Arenas

Aquella madrugada de verano de 1891 (sí, de 1891) en que Pepe el Romano huye con la virginidad de Adela, mas no con su cuerpo, todo parece haber terminado de una manera sumamente trágica para las cinco hijas de Bernarda Alba: Adela, la amante de Pepe, colgando de la viga de su cuarto de soltera, Angustias con sus cuarenta años de castidad intactos, y el resto de las hermanas, Magdalena, Amelia y Martirio, también condenadas a la soltería y al claustro. No sucedieron las cosas, sin embargo, de esa manera. Y si García Lorca dejó la historia trunca y confusa, lo justificamos. Aún más arrebatado —y con razón— que sus propios personajes, se fue detrás de Pepe el Romano, «ese gigante con algo de centauro que respiraba como si fuera un león»... Pocas semanas después (pero ésa es otra historia) el pobre Federico perecía a manos de aquel espléndido truhán, quien luego de desvalijarlo, ay, y sin siquiera primero satisfacerlo (hombre cruelísimo), le cortó la garganta. Pues bien, mientras Bern...