Colisión - Gerd Maximovic
A primera vista parecía que todo estuviera en orden. Allí permanecía el hombre inmóvil en el sillón cuyo respaldo se había volcado hacia atrás. Miraba fijamente al techo y tenía los ojos muy abiertos. En línea diagonal a él, delante de la pantalla que emitía un leve zumbido, había un pupitre sumido en luz verdosa, y en él se apoyaba un segundo hombre algo inclinado hacia un lado y con los brazos caídos. A primera vista parecía que todo estuviera en orden. Pero una observación más penetrante revelaba que los dos individuos no se habían petrificado en pleno movimiento, sino que su actividad proseguía. Porque, propiamente, el hombre del pupitre no se apoyaba en el mueble. Algo le había hecho caer de espaldas sobre él, y ahora resbalaba poco a poco, y la segunda mirada, la de comprobación, demostraba que sus pies tocaban el suelo y que el movimiento se cristalizaba en las puntas de los dedos. Quizá ni siquiera esto hubiera resultado inquietante. Lo inquietante era el hi...