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El Visitante del Cementerio - J. Vernon Shea

  Los que iban a visitarle por primera vez siempre tenían dificultad en localizar las señas de Elmer Harrod, pues aunque su calle estaba a escasa distancia de una de las grandes arterias de la ciudad, un grupo de abetos obstruía parcialmente la entrada. Un gran cartel, CALLE SIN SALIDA, desalentaba, además, a entrar, aparentemente contrarrestado por una pequeña flecha que temblaba al viento, con esta leyenda: CEMENTERIO VIEJO DE DETHSHILL. A pesar de la señal indicadora, no habla acceso para coches ni peatones, ni tampoco casa para un vigilante. Uno tenía que saltar por encima de una pequeña cerca de piedra, ya que ésta era la parte posterior del cementerio. El cementerio propiamente dicho hacía tiempo que no se utilizaba por estar ocupado todo el terreno. El último entierro había tenido lugar hacía más de cincuenta años. Las autoridades de la ciudad se ocupaban poco de la conservación de este cementerio. Hacía doce años habían tratado de abrir una calle por allí, pero el proye...

Peligro en las Cavernas Subterráneas - Gustavo Masso

El metro avanzaba envuelto en su olor de hule quemado y sudor humano. La mujer en el incómodo asiento leía su revista femenina de rigor mientras, disimuladamente, miraba de reojo a los hombres del vagón y escogía uno. Con un gesto muy estudiado alzó la vista, miró al hombre que estaba frente a ella y sonrió. El hombre recibió el doble destello de mirada y sonrisa, y sonrió también, deslumbrado. Lo único que veía ahora era la vagina que se abría enorme ante él. Supo entonces que estaba perdido, pero no pudo resistir la tremenda atracción y se dirigió hacia ella. Las puntas de los senos lo guiaron con su señal roja y atracó en ese puerto con bandera franca, justo entre las piernas de la mujer. Y se debatió ahí sin ninguna esperanza, con un placer masoquista, mientras su cuerpo se perdía, se iba por ese vórtice erótico. Casi al final sintió miedo, y en un intento desesperado se agarró con fuerza de los senos y se sostuvo así un momento, pero fue inútil y, entre las convulsiones del orgasm...