Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como detectives

El Misterio Del Cementerio - H. P. Lovecraft

  Capítulo I La Tumba De Burns   Era mediodía en la pequeña población de Mainville, y un penado grupo de gente estaba reunido alrededor de la tumba de Burns. Joseph Burns había muerto. (Al morir había pronunciado las siguientes y extrañas instrucciones: Antes de meter mi cuerpo en la tumba, colocad esta bola en el suelo, en un punto marcado como “A”. Y entonces había tendido una pequeña bola dorada al rector). La gente lamentaba mucho su muerte. Después de que los funerales hubieran concluido, el señor Dobson (El rector) dijo: —Amigos, ahora hemos de cumplir las últimas voluntades del difunto. Y, tras decir esto, bajó a la tumba (A poner la bola en el punto marcado como “A”). Pronto el grupo de dolientes comenzó a impacientarse y, al cabo de un tiempo, el señor Cha’s Greene (el abogado) bajó a echar un vistazo. En seguida regresó con cara de espanto y dijo: —¡El señor Dobson no está ahí abajo!     Capítulo II El Misterioso Señor Bell Eran las tres y diez ...

Un misterio de altos vuelos - Kerry Greenwood

  Phryne Fisher estaba soportando aquella merienda en el Traveller’s Club con la señora de William McNaughton por un motivo especial. Tampoco es que ese motivo hiciese más agradable el suplicio, pero sí le daba la fortaleza vertebral necesaria. La merienda en sí no tenía nada de malo, desde luego: había scones   y mermelada de frambuesa con nata hecha obviamente de leche de vacas felices. Había pastelitos de colores deliciosos y barquillos de jengibre rellenos. Había té negro de Ceilán en una tetera grande de plata, y tazas de porcelana fina para tomárselo. La única pega de la tarde era la señora de William McNaughton, una mujer pálida, alicaída, vestida de un gris impropio. La melena de pelo blanquecino se le escapaba rebelde de las horquillas. Dichos inconvenientes serían fáciles de subsanar mediante la elección adecuada de peluquero y modista, pero la esencia sensiblera de la personalidad de esa mujer no tenía remedio. A Phryne la señora de William McNaughton le recorda...