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El Misterio Del Cementerio - H. P. Lovecraft

  Capítulo I La Tumba De Burns   Era mediodía en la pequeña población de Mainville, y un penado grupo de gente estaba reunido alrededor de la tumba de Burns. Joseph Burns había muerto. (Al morir había pronunciado las siguientes y extrañas instrucciones: Antes de meter mi cuerpo en la tumba, colocad esta bola en el suelo, en un punto marcado como “A”. Y entonces había tendido una pequeña bola dorada al rector). La gente lamentaba mucho su muerte. Después de que los funerales hubieran concluido, el señor Dobson (El rector) dijo: —Amigos, ahora hemos de cumplir las últimas voluntades del difunto. Y, tras decir esto, bajó a la tumba (A poner la bola en el punto marcado como “A”). Pronto el grupo de dolientes comenzó a impacientarse y, al cabo de un tiempo, el señor Cha’s Greene (el abogado) bajó a echar un vistazo. En seguida regresó con cara de espanto y dijo: —¡El señor Dobson no está ahí abajo!     Capítulo II El Misterioso Señor Bell Eran las tres y diez ...

Carne de su carne, sangre de su sangre - Isaac Asimov

La serie de catástrofes había tenido lugar hacía cinco años: cinco revoluciones de aquel planeta, HC-12549d según los mapas, y desprovisto de cualquier otro nombre. Más de seis revoluciones de la Tierra; pero, ¿quien lo contaba... ya? Si la gente, allá en casa, lo supiera, quizá dijesen que era una lucha heroica, una epopeya del Cuerpo Galáctico: cinco hombres contra un mundo hostil, manteniendo una amarga defensa durante cinco (o más de seis) años... Y ahora estaban muriendo, perdida la batalla después de todo. Tres habían entrado en el coma final, un cuarto tenía aún abiertos sus ojos teñidos de amarillo, y el quinto seguía aún en pie. Pero no se trataba, en lo más mínimo, de una cuestión de heroísmo. Habían sido cinco hombres enfrentándose con el aburrimiento y la desesperación y manteniendo su burbuja metálica de condiciones vitales únicamente por la menos heroica de las razones: que no había otra cosa que hacer mientras les quedase vida. Si alguno de ellos se sintió estimulado por...

Draco, Draco - Tanith Lee

A veces habrán oído ustedes contar historias sobre hombres que lucharon contra dragones y los mataron. Todas son mentiras. No existe espadachín viviente alguno que haya matado jamás a un dragón, aunque sí algunos, ya muertos, que lo intentaron. Y, sin embargo, en cierta ocasión viajé con un tipo que se ganó el sobrenombre de «Exterminador de dragones». ¿Un misterio? No. Se lo voy a contar. Yo me dirigía hacia el sur, procedente del norte, de regreso a la civilización como quien dice, cuando le vi sentado en la cuneta del camino. Debo admitir que la primera sensación que experimenté fue la envidia. Era delgado e iba muy limpio para alguien que había estado en las zonas salvajes, y tenía todo el aspecto de un sureño acostumbrado a las ciudades, los baños y el dinero.  También estaba loco, porque llevaba oro en las muñecas y en una oreja. Pero llevaba una aguda espada gris, una espada del ejército, de modo que quizá fuera perfectamente capaz de defenderse. También era más joven ...