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Un maravilloso cuento oriental de un santo desnudo - Wilhelm Heinrich Wackenröder

El Oriente es la patria de todo lo maravilloso. En la antigüedad y en los inicios de las costumbres de tan lejanos países, se hallan consejas y enigmas extremadamente raros que aún se resisten a la razón, según ella misma más sabia.  Viven también en estos parajes seres extraños que nosotros consideramos locos pero que, en aquellas tierras, son adorados como seres sobrenaturales.  El espíritu oriental considera a estos santos desnudos como depositarios maravillosos de un genio más elevado que, desde el firmamento, se ha precipitado en el cuerpo humano, que ahora no sabe comportarse humanamente.  Pues, según vemos, todas las cosas en el Mundo son ya de una u otra manera, según las observemos. La razón humana es un filtro maravilloso que, a su solo contacto, convierte todo cuanto existe de acuerdo con nuestros deseos. Así, uno de estos santos desnudos vivía en una remota caverna o gruta, a cuyo lado corría un hilo de agua. Nadie podía decir cómo había llegado hasta allí. ...

Cada cual su botella - John Collier

  Franklin Fletcher soñaba en el lujo en forma de pieles de tigre y mujeres hermosas. En caso necesario estaba dispuesto a prescindir de las pieles de tigre. Por desgracia, las mujeres hermosas parecían igualmente raras e inaccesibles. En su despacho y en la pensión donde se alojaba, las chicas eran ratones, o gatunas, o coquetonas, o habían leído insuficientemente los anuncios. Franklin no conocía otras. A los treinta y cinco años renunció, y decidió que debía consolarse con un hobby, que es un muy miserable segundo premio. Merodeó por raros rincones de la ciudad, observó los escaparates de anticuarios y quincalleros, se preguntó qué demonios podía coleccionar. Llegó a una pobre tienda, de un pobre callejón, en cuyo polvoriento escaparate había un solo objeto: un barco de aparejo complejo metido en una botella. Sintiéndose más bien así él mismo, Franklin decidió entrar y preguntar el precio. La tienda era pequeña y estaba medio vacía. Viejas estanterías se alineaban en las par...