Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Wilhelm

Un maravilloso cuento oriental de un santo desnudo - Wilhelm Heinrich Wackenröder

El Oriente es la patria de todo lo maravilloso. En la antigüedad y en los inicios de las costumbres de tan lejanos países, se hallan consejas y enigmas extremadamente raros que aún se resisten a la razón, según ella misma más sabia.  Viven también en estos parajes seres extraños que nosotros consideramos locos pero que, en aquellas tierras, son adorados como seres sobrenaturales.  El espíritu oriental considera a estos santos desnudos como depositarios maravillosos de un genio más elevado que, desde el firmamento, se ha precipitado en el cuerpo humano, que ahora no sabe comportarse humanamente.  Pues, según vemos, todas las cosas en el Mundo son ya de una u otra manera, según las observemos. La razón humana es un filtro maravilloso que, a su solo contacto, convierte todo cuanto existe de acuerdo con nuestros deseos. Así, uno de estos santos desnudos vivía en una remota caverna o gruta, a cuyo lado corría un hilo de agua. Nadie podía decir cómo había llegado hasta allí. ...

Hurleburlebutxz - Hermanos Grimm

  Érase un rey que estaba cazando y se perdió; entonces se le apareció un pequeño hom­brecillo de pelo blanco y le dijo:           -Señor rey, si me dais a vuestra hija me­nor, os sacaré del bosque.           El rey, por el miedo que tenía, se lo prometió; el hom­brecillo le llevó por el buen camino, se despidió de él y cuando el rey se iba le gritó aún:           -¡Dentro de ocho días iré a recoger a mi novia!           En casa, sin embargo, el rey se puso muy triste por lo que había prometido, pues la hija menor era a la que más quería. Las princesas se lo notaron y quisieron saber qué era lo que le preocupaba. Finalmente tu­vo que admitir que había prometido que le daría a la más joven de ellas a un pequeño hombrecillo de pelo blanco que se le había aparecido en el bosque, y que éste iría a recogerla d...

La Llave Dorada - Hermanos Grimm

  Zagal, que era muy pobre, tuvo que salir, tras la gran nevada invernal, en su trineo, a por leña. Y cuando ya la había reunido y la había cargado, como tenía tantísimo frío, en lugar de irse a su casa quiso antes encender un fuego y calentarse un poco. Cavó en la nieve y cuando estaba limpiando el suelo encontró una llave dorada. Enton­ces pensó que donde estaba la llave tenía que estar tam­bién la cerradura correspondiente, y siguió cavando y encontró una cajita de hierro. « ¡Ay, ojalá sirva la llave! », pensó, pues seguro que había cosas maravillosas y muy valiosas dentro. Buscó, pero allí no había ojo de la cerra­dura. Al fin, sin embargo, encontró uno pequeñísimo y probó, y la llave entró perfectamente. Así que le dio una vuelta y ahora tenemos que esperar a que abra del todo y entonces veremos lo que hay dentro.