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Un maravilloso cuento oriental de un santo desnudo - Wilhelm Heinrich Wackenröder

El Oriente es la patria de todo lo maravilloso. En la antigüedad y en los inicios de las costumbres de tan lejanos países, se hallan consejas y enigmas extremadamente raros que aún se resisten a la razón, según ella misma más sabia.  Viven también en estos parajes seres extraños que nosotros consideramos locos pero que, en aquellas tierras, son adorados como seres sobrenaturales.  El espíritu oriental considera a estos santos desnudos como depositarios maravillosos de un genio más elevado que, desde el firmamento, se ha precipitado en el cuerpo humano, que ahora no sabe comportarse humanamente.  Pues, según vemos, todas las cosas en el Mundo son ya de una u otra manera, según las observemos. La razón humana es un filtro maravilloso que, a su solo contacto, convierte todo cuanto existe de acuerdo con nuestros deseos. Así, uno de estos santos desnudos vivía en una remota caverna o gruta, a cuyo lado corría un hilo de agua. Nadie podía decir cómo había llegado hasta allí. ...

La aparición - María Consuelo Villarán

Agustín bebió apresurado la taza de café que Clorinda le había servido. Hay camote para el pan, le dijo, alargando un plato pequeño con unas cuantas tajadas. El hombre cogió el camote con su recia mano velluda y lo introdujo al pan. —Solo tengo unos minutos para desayunar —comentó— ahorita tocan el pito de la fábrica. Clorinda se quitó el mandil que ceñía su figura. —Todavía tienes tiempo, toma tranquilo tu desayuno, yo te voy a envolver unas yucas fritas con queso para tu almuerzo. El hombre suspiró mirando a su mujer envolviendo apurada su merienda en un papel plástico. Él cogió el paquete y lo cubrió con un periódico. —Voy a trabajar de corrido —dijo, haciéndole una seña de despedida. Clorinda lo despidió con un ademán de mano. Se dirigió al dormitorio y vio a los niños que dormían, miró el reloj, ya era hora de que se levantaran para ir a la escuela. Suavemente los despertó y los comenzó a vestir, ante las quejas y protestas de los chicos que querían seguir durmiendo. Marita era la...