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Las metamorfosis del Vampiro - Charles Baudelaire

La mujer, con toda naturalidad,
 como serpiente sobre ascuas, y deleitándose
 y frotándose los senos con las ballenas del corsé, de su boca
 de fresa exhalaba palabras impregnadas de almizcle:
 
«Tengo húmedos los labios, y conozco la ciencia
 que echa a perder en un lecho a la conciencia.
 Todos los llantos seco en mis pechos triunfantes,
 y a los viejos hago reír con risa de niños.
 ¡Para quien me ve desnuda y sin velo, yo suplo
 a la luna y al sol, al cielo y a las estrellas!
 Así es, querido sabio, tan docta soy en voluptuosidades
 cuando en mis brazos temidos aprisiono a un hombre,
 o al abandonar a los mordiscos mi busto,
 tan trémula y libertina, tan frágil y robusta soy
 que en estos colchones que de emoción se desmayan,
 ¡hasta los ángeles impotentes por mí se condenarían!».
 
Cuando de los huesos toda la médula me sacó,
 y al volverme, lánguidamente, hacia ella, para
 rendirle un beso de amor, ¡solo hallé
 un odre de flancos viscosos y llenos de pus!
 En mi frío horror, cerré los ojos, y
 al abrirlos ante una luz vivísima,
 junto a mí, en lugar del muñeco poderoso
 que parecía estar saciado de sangre, solo vi
 despojos de esqueleto en su temblor confuso,
y de allí surgían gritos como los de una veleta
o de un rótulo, en la punta de una varilla de hierro
 que balancea el viento en las noches de invierno.

El oráculo de Sadoqua - Clark Ashton Smith

Horatius, un oficial romano apostado en la recién conquistada provincia de Averonia, busca en vano a su desaparecido compañero, Galbius, de quien no existe al parecer ni señal ni rumor entre los nativos. Horatius, desesperado,solicita por último un oráculo de los druidas paganos: el [temible] y maligno oráculo del espantoso dios Sadoqua, el cual se cree dormita eternamente bajo tierra en una caverna en medio de los profundos bosques de Averonia.
Encuentra el lugar, acompañado por varios soldados, y es llevado por los sombríos, repulsivos druidas que le [ordenan] entrar en la cueva del oráculo [solo]. En una gruta hendida de arriba a abajo, donde la luz de fuera desciende lúgubremente al interior de medio veladas sombras, halla a un extraño ser
mitad humano, peludo, atezado, encadenado junto a una [fétida, humeante]sima de donde vahean hórridos, hediondos vapores. El ser [responde] habla en un semiarticulado latín, y da una críptica contestación a sus preguntas relativas al destino de Galbius. Horatius se siente extrañamente desasosegado por algo en la voz; y cuando la medio tamizada luz del sol cae por un momento sobre el insólito oráculo, cree ver en este ser un remoto, deformado, imposible parecido con el perdido Galbius. La criatura, empero, niega ser Galbius; y Horatius se marcha con sus hombres, más dolorosamente perplejo y confuso que antes. Al irse, se encuentra con una preciosa chica pagana, que mora en las proximidades de la caverna. Se produce una inmediata atracción entre los dos;y Horatius regresa más tarde, solo, para continuar conociéndola. El amor crece entre ellos y la chica le cuenta, de mala gana, alguno de los verdaderos secretos de la caverna del oráculo, y confiesa que el actual oráculo es efectivamente el perdido Galbius, quien fue secuestrado por los druidas y encadenado al lado de la sima. Los vapores elevándose desde ella le habían hecho olvidar rápidamente todos sus recuerdos normales y habían causado su degradación en una forma subhumana. De esta manera, se había convertido en un apropiado médium a fin de ser influido por el durmiente dios Sadoqua, el que conoce todas las cosas; y podía responder las preguntas con las respuestas que el dios le dictaba. Muchos otros habían sido los oráculos del dios. Se decía que los vapores emanados de la sima eran su mismo aliento; y su efecto era tan terrible que pocos mortales podían resistirlos mucho tiempo sin morir o cuando menos tornarse tan embrutecidos que ya no eran capaces de hablar y perdían su valor como mediadores. Al saber esto, [Horatius] encolerizado entra de nuevo en la cueva secreta, y se encuentra con que Galbius se ha convertido en una casi informe masa de negro, velludo plasma,que profiere inarticulados sonidos. Horrorizado, trata de matar a la cosa. Los druidas entran y lo prenden mientras hunde su espada en el metamorfoseado Galbius. Es dejado inconsciente de un golpe. Al recobrar más tarde la consciencia, se encuentra a sí mismo encadenado junto a la maligna sima, inhalando los humos que le hacen olvidar su pasado humano en un loco,primigenio delirio.