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Mostrando las entradas etiquetadas como Pacheco

Aqueronte - José Emilio Pacheco

Son las cinco de la tarde, la lluvia ha cesado, bajo la húmeda luz el domingo parece vacío. La muchacha entra en el café. La observan dos parejas de edad madura, un padre con cuatro niños pequeños.  A una velocidad que demuestra su timidez, atraviesa el salón, toma asiento a una mesa en el extremo izquierdo. Por un instante se aprecia nada más la silueta a contraluz del brillo solar en los ventanales.  Cuando se acerca el mesero la muchacha pide una limonada, saca un cuaderno y se pone a escribir algo en sus páginas. No lo haría si esperara a alguien que en cualquier momento puede llegar a interrumpirla. La música de fondo está a bajo volumen. De momento no hay conversaciones. El mesero sirve la limonada, ella da las gracias, echa azúcar en el vaso alargado y la disuelve con una cucharilla de peltre. Prueba el líquido agridulce, vuelve a concentrarse en lo que escribe con un bolígrafo de tinta roja. ¿Un diario, una carta, una tarea escolar, un poema, un cuento? Imposible saber...

Historia del demoniaco pacheco - Jan Potocki

  —Nací en Córdoba, donde mi padre vivía en una situación más que holgada. Mi madre murió hace tres años. Mi padre pareció primero echarla mucho de menos, pero, al cabo de algunos meses, con ocasión de un viaje que hizo a Sevilla, se enamoró allí de una joven viuda, llamada Camila de Tormes. Esa persona no gozaba de muy buena reputación, y varios de los amigos de mi padre trataron de alejarlo de su trato; mas, a pesar de las molestias que ellos se tomaron, la boda se celebró dos años después de la muerte de mi madre. La ceremonia se hizo en Sevilla, y, al cabo de unos cuantos días, mi padre volvió a Córdoba, con Camila, su nueva mujer, y una hermana de Camila, llamada Inesilla. »Mi nueva madrastra respondió perfectamente a la mala opinión que se tenía de ella, y sus comienzos en la casa consistieron en querer inspirarme amor. No lo consiguió. Me enamoré, sin embargo, pero fue de su hermana Inesilla. Mi pasión no tardó en hacerse tan fuerte que fui a arrojarme a los pies de mi pad...

Rincón de la poesía: Prosa de la calavera - José Emilio Pacheco

Prosa de la calavera En vez de temerme o ridiculizarme por obra de tu miedo deberías estarme agradecido. Sin mí qué cárcel sería la vida en la tierra. Que tormento si nada cambiara ni envejeciera. Y durante siglos y siglos de desesperación sin salida la misma gente diera vueltas y vueltas a la misma noria. Gracias a mí todo es inexpresivamente valioso porque todo es efímero y jamás se repite. Porque voy con ustedes a todas partes. Siempre con él, con ella, contigo, esperando sin protestar, esperando. De la pulverización de mis añicos está amasada la tierra. Volverás a la oscura tierra y yo, que en cierta forma soy tu hija, heredaré tu nada y tu nombre. Seré tus restos, tus despojos, tus residuos, tus sobras: el testimonio de que por haber vivido estás muerto. Así, quién lo diría, yo -máscara de le muerte- soy la más porfunda entre tus señales de vida, tu huella final, tu última ofrenda de basura al planeta que ya no cabe en sí mismo de tantos muertos. Y...