INICIO

La frontera - Eduardo A. Ponce

 I

Anochecía. Un fino manto de arena y frío se deslizaba ominosamente sobre la ciudad. Allá en la frontera, dos soldados escrutan el horizonte, apostados en sus garitas, impertérritos ante las próximas quince horas de oscuridad.

Holes había aprendido, con el transcurrir de los años, a discernir casi instintivamente, a través de las continuas tormentas de arena, cuándo se aproximaba hacia la frontera algún traslúcido. Willis, sin embargo, acababa de salir de la Academia.

- Te digo que lo he visto, por el norte. Caminaba lentamente, pero su rastro era inconfundible - argumentaba Willis, sin despegar los ojos de los prismáticos de infrarrojos.

- Mira chico, llevo seis años en este desierto de muerte, y puedo asegurarte, que antes que esos prismáticos capten a un traslúcido, ya lo habrás sentido en tu cerebro y olido a tu alrededor - contestó Holes, mientras encendía un cigarrillo.

- Se como son los traslúcidos, en la Academia...

- En la Academia pueden simular traslúcidos, pero ni los tienen ni los pueden crear - miró con aire paternal a Willis -. No te preocupes muchacho. Tendrás ocasión de verlos - aspiró una bocanada - y entonces desearás estar en cualquier sitio menos en Goliath.

El sol de Goliath se había ocultado completamente, y en su lugar, cientos de estrellas salpicaban la noche goliatina. Era como la noche de otros planetas ya colonizados, como Banta, Mil-Días o Aurora. Pero en Goliath, las noches eran más largas y frías, y los días secos y calurosos. Las tempestades de arena, casi diarias, erosionaban los edificios de la Ciudadela, mientras los traslúcidos se encargaban de socavar las mentes de los hombres. Pero de eso hace ya mucho tiempo.

 II

Mucho tiempo. Varios siglos terrestres.

Todo se remonta al primer día en que el hombre posó sus enormes naves sobre el planeta, que años después adoptaría el nombre definitivo de Goliath. Entonces sólo era un número.

Todos los parámetros aconsejaban la colonización, y doscientos hombres y mujeres dejaron todo y levantaron junto al desierto la primera colonia de Goliath, La Ciudadela.

Y entonces aparecieron ellos, desde los más profundo del desierto: los nativos de Goliath.

Y los llamamos traslúcidos, pues sus cuerpos se hayaban rodeados de un aura que les hacía parecer semitransparentes ante nuestros ojos de humano.

Pero se convirtieron en una plaga. La ciudad comenzó a inundarse de ellos. Nunca fue posible intercambiar palabra o gesto alguno con los nativos. Nos observaban permanentemente, pero jamás intentaron establecer contacto.

Los hombres, al contrario, lo intentamos una y otra vez, sin éxito. Parecían no disponer de órganos para la fonación, pero tampoco el idioma gestual formaba parte de su cultura.

Poseían un físico humanoide, dos enormes ojos, negros y profundos, centrados en un rostro indefinible, inexpresivo e inmutable. Una cabeza desproporcionadamente voluminosa respecto al diminuto y frágil tronco. Los dos brazos y las dos piernas completaban la figura del traslúcido, desnudo y asexuado, un cuerpo tan semejante al del hombre y sobre el que éste no podía saber nada más, pues los nativos sólo observaban, nunca comunicaban.

Poco a poco, sin embargo, comenzamos a observar los primeros cambios en los nativos. Dejaron de acercarse en elevado número, tal como lo hicieron durante los primeros meses, pero los pocos que se aventuraban a cruzar las puertas de La Ciudadela, eran diferentes.

Fue el biólogo evolutivo Qasar El-Hamed quien se apercibió de los primeros cambios en los traslúcidos. En los primeros días, podía observarse en éstos que no poseían una mano bien diferenciada, sino que al contrario, ésta se hundía en el aura que rodeaba al brazo, y jamás pudimos entonces saber si poseían dedos, membranas o cualquier otro tipo de órgano táctilo-prensil. Pero ante los ojos de Qasar empezaban a desfilar nativos con brazos terminados en manos, y éstas en dedos, cinco.

A Qasar El-Hamed no le cupo la menor duda de qué les estaba ocurriendo a los traslúcidos, cuando éstos empezaban a ser más altos, más proporcionados, sus ojos no sólo eran negros, la mirada había dejado de ser fría y distante. Sus rostros, a pesar de todo, poseían aún ese factor indescriptible que nos hace diferenciar siempre entre el original y la copia. Qasar El-Hamed sabía que, de seguir así la evolución de los nativos, las consecuencias sobre la población colona serían irreparables.

 III

- ¿Que adoptan nuestros cuerpos? - El comandante Keel tenía puestos sus desorbitados ojos sobre el rostro impasible de Qasar -. ¿Qué quiere decir con esa estupidez? ¿Acaso se están apoderando de nosotros?.

- No digo que adopten nuestros cuerpos en el sentido de, como usted lo llama, apoderarse de nosotros - Qasar miró distraídamente por un instante hacia la ventana, mientras esperaba a que Keel volviera de nuevo a sentarse tras su escritorio -. Aunque puede que realmente termine por suceder lo que aventura. Mi teoría es que los traslúcidos tienen la habilidad de adoptar el físico, al menos, de cualquier otra especie o raza. Al principio de nuestra llegada, nos conocían poco, nunca habían visto a un ser humano, sin embargo, a fuerza de convivir con nosotros, los traslúcidos han empezado a habituarse a nuestra presencia, a nuestra imagen, y simplemente la adoptan.

- Todo lo que me cuenta es extraño, para mí son todos iguales, aunque ahora que lo pienso, sí es verdad que noto que son un poco más altos, y... - Keel quedó pensativo, nunca le habían preocupado demasiado los nativos, bastante tenía con luchar contra las tempestades, las noches, La Ciudadela -. ¿Cree que son inteligentes? ¿Y son capaces de copiar nuestra morfología?

- No lo sé. Si lo fueran, tal vez el adoptar nuestro físico sea un paso hacia un posible primer contacto. Pero aún está todo muy oscuro. No podemos comunicarnos con ellos, no sabemos tan siquiera si realmente tienen un cuerpo físico propio, e incluso tal vez simplemente sean criaturas totalmente irracionales que emplean todo sus esfuerzos en mimetizarse con nosotros, un simple acto de pura supervivencia. Sin embargo, mis observaciones apuntan a que evidencian un cierto grado de inteligencia, tal vez basada en principios diferentes a los que caracterizan la nuestra.

- O tal vez, sólo sean imaginaciones nuestras. La propia mente humana en su búsqueda continua de nuevas razas. Digamos... una paranoia colectiva. Usted ve evolucionar a sus nativos, y yo los veo como siempre, algo connatural al planeta, pero irrelevante para mis intereses y obligaciones.

- Todo puede ser. Pero recuerde, si una mañana se levanta y al abrir las ventanas se topa con media docena de comandantes Keel fisgoneando por su jardín, llámeme.

- ¿Nada mas, Qasar? - Keel decidió finalizar con la conversación.

- Era todo lo que tenía que decirle.

- Sepa entonces, que cuando eso ocurra tomaré las medidas que crea oportunas, y hasta entonces usted seguirá con su trabajo y yo con el mío. Buenos días.

Keel supo que a partir de ese día, miraría con más detenimiento a través de la ventana.

 IV

Los nativos aprendieron a diferenciar ambos sexos, y no faltó el colono al que no le hubiera importado poner los cimientos de un nuevo mestizaje. Jamás se conseguiría sin embargo, pues los traslúcidos poseían la capacidad de evaporarse ante la proximidad o intimidación de un humano. El traslúcido iniciaba un proceso de difuminación, comenzando por las extremidades y finalizando en sus ojos, el aura lo envolvía, y luego ésta se disgregaba en millones de corpúsculos luminosos que eran arrastrados por el viento, de igual forma que lo eran los granos de arena en las tempestades que tan continuamente asolaban las noches goliatinas.

En los cerebros de muchos colonos empezó a tomar cuerpo la idea de que los traslúcidos tenían habilidades telepáticas, y que estaban hurgando en nuestros cerebros. Muchos se pusieron nerviosos y entonces el comandante Keel tuvo que tomar una determinación.

V

Y Keel tomó sus medidas. Recordó entonces, durante un breve momento, la conversación que mantuviera con Qasar tiempo atrás, y lamentó no tenerlo al lado en esos instantes. Qasar se habría puesto furioso de conocer las intenciones del comandante. Volvió a la realidad de la sala de juntas y habló a los máximos responsables de La Ciudadela.

- Una gran muralla rodeará a la ciudad, impediremos que cualquier traslúcido la cruce, instalaremos garitas y en ellas apostaremos soldados que evitarán que los nativos se acerquen a menos de cien metros de La Ciudadela.

Keel había hablado con rotundidad y concisión propias de un militar de carrera curtido en el infierno de Goliath. A pesar de ello, un murmullo de voces se fue elevando de la mesa mientras el comandante Keel continuaba exponiendo sus medidas.

- Un grupo de científicos está desarrollando unas defensas psicológicas, de tal forma que cualquier colono, salvo los soldados, podrán ignorar subconscientemente la presencia de los traslúcidos en este planeta...

Desde el fondo de la sala se escuchó una agitada voz acusadora.

- ¡Qasar jamás lo habría permitido. Va contra los principios elementales de la Carta Internacional de Exploraciones para la defensa de los derechos de las razas!

Keel, por supuesto, pensaba de manera diferente y no estaba dispuesto ha conceder ni un ápice de sus propuestas, por otra parte, de obligado cumplimiento, pues sabía que, como máximo responsable de La Ciudadela, tenía absoluto control de la misma.

- El biólogo evolutivo murió hace tiempo y sólo yo puedo dictar órdenes especiales para casos de emergencia, y esta es una situación de extrema gravedad. O ignoramos de alguna forma a los nativos o ellos terminarán con la poca lucidez que nos queda en nuestros cerebros. Además no es esta una misión de exploración, les recuerdo que se trata de una colonización. Si queremos que nuestra especie no se extinga, hemos de colonizar otros planetas. Y éste, tarde o temprano, albergará ciudades cien veces más populosas que La Ciudadela, que ahora yo gobierno - hizo una pausa mientras recorría su mirada a través de los perplejos rostros de los asistentes -. Recuérdenlo - prosiguió, alargando las palabras para que éstas retumbaran con mayor resonancia -, no vamos a exterminar a los nativos. Pero si no los detenemos, habremos fracasado. ¡Tantos años luz para naufragar ante unos seres de los que aún no se sabe seguro si tan siquiera son materiales! No ha lugar para la palabra fracaso en mi vocabulario.

- ¡Tampoco la palabra pasado, ni historia, parecen existir en él! - y el hombre que las pronunció salió de la sala apresuradamente. Nadie más se movió de sus asientos.

 VI

- ¿Crees que nos han visto? - Emitió la mente de un traslúcido; suave y acompasada fue recibida en la mente de otro.

- No, recuerda que no nos pueden percibir mientras no conectemos con ellos - Esta otra poseía la gravedad propia de un traslúcido experimentado en conectar con otras mentes.

- ¿Por qué no lo hacemos cuando estemos muy cerca? - volvió a interrogar la mente del traslúcido más joven.

- Se nota que nunca has conectado. Si lo haces cerca sufrirás una gran descarga psíquica de él, y posiblemente al contrario también. Los dos podréis recibir un fuerte shock, y lo más probable en este caso, es que no puedas regresar. Te dispersarás irremediablemente.

- Sigamos entonces, y cuando lo creas oportuno me indicas el momento de iniciar el contacto.

Ambos dieron por terminado el diálogo y siguieron avanzando por el desierto, mientras en el lejano horizonte, una mancha gris fue delineando la desgarbada silueta de La Ciudadela.

 VII

- ¡Ya los tengo! - gritó Holes -. Vienen hacia aquí, y son dos. Rápido, enfócalos Willis.

El novato desenfundó los prismáticos y apuntó hacia la dirección que le indicaba Holes.

- ¿Que hacemos ahora? - inquirió Willis.

- Esperar, aún están fuera de nuestro alcance - dijo Holes mientras no dejaba de seguir con los prismáticos la trayectoria de los intrusos.

 VIII

- ¿Crees que nos han visto? - preguntó el traslúcido de mente más joven.

- Percibo que sí. Estoy empezando a conectar con uno de ellos. Inténtalo tu con el otro. - Esta vez era la mente experimentada quien emitía.

- Es difícil, parece que una barrera se interpone. Una densa e infranqueable muralla.

- Estamos lejos, aún es débil la conexión. Creo que yo lo tengo más fácil. La mente del mío es bastante ordenada.

Continuaron caminando sin perder ese inicio de conexión.

 IX

- Ya han entrado, ionar,ahora hay que selecc asegurar y disparar - esperó unos segundos y - ¡Ahora! - gritó -. Pero quedó decepcionado.

- ¿Pero qué te pasa ahora muchacho? - miró Holes acusadoramente a Willis - ¿No tendrás miedo, verdad?

- Yo, pues... no... no es exactamente miedo, siento como si...

- ¿Como si hurgaran en tu cerebro? Notas que no lo controlas del todo ¿no es cierto?

- Sí, eso es, hay algo que me impide disparar.

- ¿No te das cuenta? Son ellos, muchacho. Ellos se están introduciendo en tu cabeza, intentan protegerse, y al mismo tiempo, te desordenan un poco el coco - Holes ya había pasado por ello hacía algunos años -. Atiéndeme bien. He visto a muchos como tú volverse locos, dejarse perdida la mirada más allá de sus prismáticos y no regresar ni aún introduciéndoles en la cámara de rehabilitación. Quedaban tan fuera de control que hasta se olvidaban de respirar.

Willis permanecía mudo, luchando interiormente por recobrar el control de sí mismo mientras gruesos goterones de sudor comenzaban a resbalar por sus sienes.

- Escucha - continuó Holes - vas hacer lo que te digo, apunta con el láser al que viene en primer término, y cuando de la orden, dispara. ¿De acuerdo? ¿Podrás hacerlo?

- Sí, creo que podré.

- Concéntrate entonces.

Holes tomó el láser y apuntó a su blanco. Willis, con un poco de más trabajo cogió el arma y lanzó su mirada a través de la mira telescópica.

- ¡Dispara!

 X

- Tengo miedo. ¡Creo que no podré!

- ¿Qué te ocurre?

- Siento peligro, quiere... quiere lanzarme su rayo de muerte.

- No te apresures, olvida que siente odio por ti, transmítele seguridad, confianza. Hazle pensar en lo que tanto tiempo lleva esperando. La posibilidad de un primer contacto.

- Vas a tener que ayudarme, yo...

- Lo siento, si te ayudo, entonces el otro...

El rayo de la muerte le alcanzó de lleno y su cuerpo se fue evaporando mientras su compañero se concentraba al máximo y apresuraba el paso hacia la muralla.

Cuanto más cerca, más posibilidades. O al menos eso creía.

- ¡No puedo! ¡No puedo matarlo!

- ¡Pero eres imbécil!

- No puedo disparar a mi propio rostro! - Grito Willis, empapado en sudor, manteniendo sus ojos fuertemente cerrados.

- ¡Te das cuenta! ¡Has esperado demasiado! - Holes cargó de nuevo su arma, y apuntó al doble de Willis, que seguía aproximándose con rapidez hacia sus posiciones.

 XI

- ¡Estoy conectado! Creo descifrar cosas. ¡Son inteligentes! Sienten y piensan. Ahora... ahora tiene miedo, duda, desea matarme, pero hay algo que le frena. Hemos conseguido nuestro primer...

Y empezó el proceso de dispersión. Un resplandor, un breve y tembloroso fulgor, corpúsculos áureos disgregándose en mil, un millón, de direcciones. Una ligera brisa, y después, nada.

 XII

- ¿Qué me ha pasado? - Balbuceó Willis, mientras sentía cómo sus escalofríos empezaban a desaparecer poco a poco.

- Nada novato. Te has desmayado - contestó Holes, en un tono más de compasión que de enfado - Fue una emoción demasiado fuerte el contemplarte a ti mismo a través de los prismáticos y con la obligación de disparar sobre tu propia cara.

- Me da vueltas toda la cabeza.

- Debes darme las gracias por mi reacción. De no haberlo hecho ahora no te quedaría ni el más mínimo gramo de razón.

- ¿Qué le ha pasado? Lo último que recuerdo es mi, bueno, su cara, mirándome fijamente.

- Tuve que actuar. Disparé.

- ¿Murió?

- Se evaporó. Como todos.

- Sin embargo, me dijo algo, estoy seguro. Le sentí muy cerca.

- Te hablaré claro, Willis. No vales para esto. Hay que tener un gran control sobre la mente, ser muy disciplinado. Cumplir con el deber, por encima de todo. - Pausa, Holes estudia la expresión del rostro de Willis - No estás preparado para esto. Pero no te preocupes, creo que lo arreglaré todo y podrás ser destinado a otro planeta menos conflictivo.

- No sé que decir, si gracias o...

- No digas nada. Piensa en lo maravilloso que será Goliath dentro de diez años, sin traslúcidos que nos desordenen las ideas, con inmensas ciudades en construcción y que algún día albergarán miles, millones de seres humanos.

Willis miró por el hueco que se abría en la estrecha garita. Comenzaba a levantarse un fuerte viento que hacía arrastrar consigo voluminosas masas de polvo gris, envolviendo el amanecer de Goliath en una granulosa estampa en tonos pastel. Se avecinaba una gran tormenta.

Las palabras de Holes le sonaban ya muy lejanas.

Gasolinera Galáctica - Cristóbal Pérez Castejon

Fecha estelar, 2297924. La primer oficial ha venido a mi despacho y de buenas a primeras me ha soltado que se nos esta terminando el nomonio. Así, sin preámbulos. Me he cabreado tanto que he acabado enseñadole los dientes. Al parecer tuvimos que escapar tan a uña de Kalia II que no dio tiempo a llenar a tope el deposito y ahora andamos con la reserva. Si tan solo esos chiflados de los berleis no estuviesen pisándonos los talones... también fue mala suerte ir a chafar a la mascota del embajador de Berleia con la rampa de descenso de la nave. Ahora están empeñados en convertirnos en átomos y esparcirnos por la galaxia. Aunque obviamente, nosotros no estamos por la labor.

Por tanto, tenemos que encontrar donde repostar y deprisa. Los sistemas de detección de largo alcance muestran algo parecido a un crucero a 50 años luz de nuestra posición actual. En menos de cuatro semanas lo tendremos encima... como la suerte no nos acompañe acabare como una bonita alfombra en el camarote de un comandante berliano.

Nuestra mejor opción parece ser un sistema solar en torno a una estrella mediana de color amarillo. No me gustan los soles amarillos: prefiero las estrellas azules, como las de nuestro planeta natal. ¡Ah!, la hierba violeta al atardecer, justo antes de empezar la caza... La boca se me hace agua al pensar en la jugosa carne de una presa. 

Estoy hasta el hocico de proteínas en cápsulas: los médicos dicen que las malditas pastillas contienen todos los elementos necesarios para nuestra supervivencia, pero al cabo de dos meses aburren miserablemente. Ojalá en torno a este sol encontremos algún alimento mas completo...

 

Fecha estelar 47555. El escáner muestra varios gigantes gaseosos que no nos valen para nada, un planeta tan cerca del sol que no podríamos bajar el escudo ni para empezar a buscar el nomonio y tres buenos candidatos en la parte interna del sistema. Empezaremos por el de en medio: la atmósfera parece respirable y esta razonablemente cerca del sol como para suponer que encontraremos elementos pesados sobre su superficie.

La moral de la manada esta baja. La comandante Trkkkk se sube por las paredes: la mayor parte de los tripulantes se pasan el día con el lomo erizado bufándose los unos a los otros y ella tiene que imponer orden. No puedo reprocharle nada: mi hermosa mesa de madera klimn, que me costo una pasta, esta destrozada. Lo siento por los créditos que me gaste en ella, pero yo tengo que afilarme las uñas en algún sitio, es lo único que me tranquiliza.

 

Fecha estelar 36428. Estamos en órbita del planeta. Es de un bonito color azul... aunque según la oficial científica casi todo es agua. Que asco, lo menos que me apetece en este momento es un baño. Por suerte hay varias zonas de tierra bastante amplias

El análisis espectrográfico nos ha dado varias sorpresas. La primera, que después de todo si hay trazas de nomonio: tenemos una posibilidad contra los berlianos. La segunda, que el planeta esta habitado por al menos una raza inteligente, pero no parecen tener todavía acceso al espacio. 

Hemos detectado naves voladoras de varios tipos, a veces en cantidades ingentes, desplazándose de un sitio a otro sobre la superficie. Además, utilizan señales radioelectricas para comunicarse. 

Los xenólogos están contentásemos: no se enteran de nada, por supuesto, pero afirman que es un descubrimiento trascendental en xenobiología. Me parece bien, pero preferiría tener el tanque lleno de nomonio y estar a mil años luz de distancia de esos malditos berleis y su chiflado sentido de la justicia...

He puesto a los tres ordenadores de la nave a intentar descifrar un tipo particular de señales que tienen buenas posibilidades de ser transmisiones de datos de baja velocidad. Tan baja, realmente, que parecen enviadas a mano. El resto de las emisiones suenan como un concierto de grillos en una tarde de verano... aunque los xenólogos afirman que corresponden a las voces de los habitantes del planeta. Vivir para ver...

 

Fecha estelar 44444. El código ha sido relativamente sencillo de descifrar... pero nos hemos quedado igual. Un puñado de símbolos sencillos, combinaciones de puntos y rallas que se unen formando palabras. Las tenemos a cientos... pero si no podemos establecer correspondencias con sus significados no nos valen para nada.

En cuanto a la situación en la superficie, al parecer los nativos se pelean (que original). Hemos detectado el estallido de explosivos químicos, muchas veces lanzados por las maquinas voladoras. Justo lo que nos faltaba: una raza guerrera. Toda la nave esta en zafarrancho de combate, aunque mas por los berlianos que otra cosa. Si los nativos no nos han detectado hasta el momento, no parece que haya que preocuparse demasiado por ellos.

 

Fecha estelar 445466. Tenemos que descender a la superficie como sea. El crucero berliano viene derechito hacia nosotros. Deben haber inventado algo desde la ultima vez que comerciamos con ellos: al parecer nos han detectado desde una distancia increíble, aunque estamos parados. Además, a todos nos apetece estirar las piernas. Y con un poco de suerte, igual los nativos son comestibles... se me eriza la piel del cogote de pensar en la idea.

Los xenólogos han conseguido contactar con una estación emisora de ondas electromagnéticas por el simple procedimiento de retransmitir lo mismo que enviaban en la misma frecuencia. Después de un par de días de experimentos, han conseguido una especie de código extraordinariamente burdo. Cuando pregunto que para que sirve me miran con cara de alelados... se que piensan que soy idiota, pero mis colmillos tienen casi cinco centímetros de largo y todos huelen a sumisión que tira de espaldas.

En cuanto a la situación de la guerra, al parecer los nativos del continente que tenemos debajo están luchando en solitario contra medio planeta. En las otras masas continentales no se combate, aunque hay indicios de que también están habitadas.

Nosotros aterrizaremos en la parte atacada. Me gustan esos nativos: pelean contra muchos y aunque su tierra se cubre de explosiones no cejan. Además, si van perdiendo nos necesitaran y posiblemente podremos conseguir el nomonio mas deprisa y con un trato mas ventajoso.

 

Fecha estelar 4454646. La lanzadera ha traído noticias desde el planeta. Los nativos son una especie de monos sin pelo que se cubren con laminas de tejidos variados. En las cabezas llevan unos cascos metálicos, posiblemente con fines ornamentales. Son bastante desagradables, y huelen mal, pero lo mas sorprendente es que el análisis de su armamento implica que esta basado en disparar proyectiles de nomonio.

Al principio estabamos alucinados: solo los Xdfrrrg han conseguido defensas eficaces contra las armas de nomonio. Pero estos nativos son tan primitivos que simplemente lanzan el metal contra el adversario mediante la deflagración de una carga química.

Por lo demás, tienen un aspecto apetitoso. Tendremos que conseguir muestras rápidamente... igual podemos llenar la despensa antes de que lleguen los Berleis a fastidiarnos el banquete.

En el segundo viaje he bajado personalmente. Es tan agradable volver a pisar tierra firme que me han entrado ganas de restregarme contra el casco de la nave. No lo he hecho porque quedaría feo ante los monos y además la tripulación se lo tomaría a cachondeo: un capitán debe estar siempre a la altura de su puesto.

Lo que me recuerda que la comandante Trkkkk tiene un aroma muy extraño últimamente... espero que este tomando los supresores de celo regularmente, porque seria lo único que nos faltaría en este momento.

 

Fecha estelar 53443. Los nativos son francamente raros. No están completamente incivilizados: por lo menos tienen una estructura jerárquica bien definida. Los de los gorros metálicos son soldados. Los que les mandan, llevan unas gorras altas con adornos. Los que mandan a esos, a su vez, van vestidos con largos abrigos de cuero y cuando los ven aparecer todo el resto de los monos toman una postura de sumisión tan abyecta que provocan risa. A este paso, para cuando encontremos un interlocutor valido estaremos convertidos en hamburguesas berlianas...

Los lingüistas no han avanzado gran cosa. Tenemos símbolos para los números... algo es algo. Pero poco mas. Dicen que con tiempo... pero no tenemos tiempo para tonterías. Lo que si que tenemos es la palabra con la que al parecer nos designan: los que hacen de interlocutores con nosotros nos llaman algo que suena como "señor extraterrestre", pero los guerreros de los cascos nos llaman "hienas".

Por la tarde hemos tenido un agotador intercambio de información con los monos. Nos han enseñado representaciones visuales de su mundo (que horror, en blanco y negro y además llenas de saltos) y nosotros les hemos dado una charla holografía sobre nuestro origen y parte de nuestro viaje. Por supuesto, nos hemos callado las noticias sobre el crucero berliano: me pregunto hasta que punto son capaces de detectar lo nerviosos que estamos.

 

Fecha estelar 445566. Un golpe de suerte. Esta noche, los enemigos de nuestros queridos monitos han venido a destruirnos la nave. Han arrojado un montón de explosivos químicos... pero hace falta mucho mas para penetrar nuestro escudo. He dado orden de activar los láser... y en media hora nos hemos cargado cincuenta naves. Ha sido como una cacería de patos. Los nativos están muy impresionados: es evidente que ahora tenemos algo con lo que negociar.

Malas noticias desde bioquímica. Han terminado los análisis de las biomuestras que intercambiamos con los nativos. Bueno, nosotros les hemos pasado unas muestras de nativos de Malonia que teníamos en éxtasis... tampoco se trata de que sepan demasiado. 

Ellos en cambio, nos han traído varios especímenes completos, vestidos con un gracioso pijama a rayas y con no muy buen aspecto. Desgraciadamente, son venenosos: su bioquímica no solo es incompatible con la nuestra sino que nos mataría en cuestión de segundos. Una pena, sigo añorando carne fresca. 

No valen ni para cazarlos: son tan flojos que de un solo zarpazo se mueren y ni siquiera corren a una velocidad aceptable. Este planeta debe ser un balneario si estos monos miserables son la especie dominante...

 

Fecha estelar 4545464. Las negociaciones van por buen camino. Cuando les hemos enseñado una barra de nomonio han puesto una cara tan divertida que a todos nos ha costado aguantar la risa. Obviamente saben de que se trata... pero son buenos comerciantes, aunque sus olores les traicionan. Deben de tener un sentido del olfato muy atrofiado, porque sus caras dicen una cosa... y sus cuerpos otras. 

En cualquier caso, con nosotros no tienen ninguna posibilidad: todos llevamos puesto el traje energético durante todo el día. Esas armas de nomonio son primitivas, pero seguro que hacen unos agujeros feísimos...

En un par de horas de gesticulación (que aburridos que pueden ser estos primates, en todas partes es lo mismo) ha resultado evidente que quieren nuestros láser. No se para que, porque con sus generadores energéticos basados en combustibles fósiles no tienen energía ni para encender el panel de control. Así que he decidido dejarles diez cabezas nucleares de 10 kilotones con sus correspondientes vectores. 

Saben lo que es un cohete y nos han señalado sobre un mapa trazado desde la nave en órbita el objetivo de la demostración: una aglomeración de viviendas de los monos en la gran isla al norte del continente. Ktrrrr, como jefa de la expedición militar ha puesto objeciones. Pero cuando le he contado mi plan completo se ha mostrado encantada. Es una compañera fantástica, sin duda...

 

Fecha estelar 4343499. La demo ha sido un éxito. Hemos subido a un par de monos a la lanzadera para que pudieran presenciar mejor el espectáculo. Ni se han dado cuenta de que tenían media docena de disruptores neurales apuntándoles. A la hora fijada, el equipo de tierra ha lanzado el misil y unos minutos mas tarde la ciudad ha desaparecido del mapa. Los observadores estaban impresionados. Es injusto que un mundo tan rico en nomonio este poblado por una raza tan idiota. Cuando volvamos habrá que hacer algo al respecto.

Esa misma tarde han empezado a llegar las barras. Todos estamos aliviados: el crucero esta entrando en el sistema solar exterior y en menos de diez días lo tendremos encima.

 

Fecha estelar 5545454. Los nativos no parecen muy contentos de vernos marchar. Ha venido el jefazo supremo a despedirnos: un tipo bajito con una repulsiva mata de pelo justo encima de la nariz. Es un payaso: odio a estos monos gesticuladores. Los de la especie de los abrigos de cuero son mas parecidos a nosotros: fríos como serpientes pero letales.

Después de la ceremonia hemos escapado a uña. No podemos saltar hasta habernos alejado doce veces la distancia de este planeta al sol. Entre tanto, espero que el crucero berliano se pare a investigar que es lo que hemos estado haciendo sobre el planeta de los simios...

 

Fecha estelar 5434343. Todo ha salido de perlas. El crucero berliano, en efecto, se ha puesto en órbita: son tan metomentodo que no podían desperdiciar una ocasión de oro como esta. En ese momento, los misiles que hemos dejado atrás se han activado simultáneamente y han alcanzado a la nave en pocos segundos. No la han destruido, por supuesto: pero los berlianos están ahora mas cabreados con los pobres monitos que con nosotros. Justo antes de saltar al hiperespacio hemos detectado un pulso de radiación Génesis procedente del planeta: en este momento no debe ser un sitio muy saludable para la vida...

Los científicos están muy enfadados. Dicen que hemos estropeado una ocasión única para estudiar la evolución de una especie primitiva. Pero como tienen dos docenas de ejemplares en éxtasis para jugar, no gruñiran mucho tiempo. 

La comandante Trkkkk tampoco esta muy contenta con nuestro comportamiento en este asunto. Siente remordimientos por la putada que le hemos hecho a los monos: afirma que no nos hemos comportado con honor. Le he hecho ver que eran ellos o nosotros: uno no se quita de encima a un crucero berliano con sentimentalismos. 

Además, quien sabe: a lo mejor el crucero ha quedado lo suficientemente averiado como para quedarse varado en el planeta y podemos enviar a una nave mas pesada de las nuestras a rematar la faena. Así que tendremos un enooooorme planeta lleno de nomonio... y sin molestos habitantes que nos estorben.

No se ha quedado muy convencida, pero me da lo mismo: el negocio es el negocio. Además, los malditos monos ni siquiera eran buenos para comer...

Infancia - Dezohara Bollstadt

 Siendo adulto uno tiene en su memoria muchos recuerdos y eventos que marcaron su infancia. Una de las primeras remembranzas son los juegos y los amigos, las aventuras y las travesuras. Siempre se queda en la memoria aquello que nos divertía y que sabemos, ahora de adultos, no regresarán.
A veces, como padres, deseamos que nuestros hijos tengan una infancia más feliz que la nuestra y que se diviertan tanto como nosotros con las cosas que nos gustaban, pero como gente mayor, observamos que los niños son diferentes, porque han nacido bajo otras circunstancias familiares, económicas y sociopolíticas que influyen en su precepción del mundo.
Yo disfrutaba mucho mojarme bajo el menor pretexto, a veces hasta cuando mamá regaba las plantas. También me gustaba mucho disfrazarme de héroe, mi favorito era el personaje de “El zorro”, me fascinaba usar una capa roja de estambre de mi mamá y  saltaba por la cama y los muebles, usando un práctico látigo imaginario y mis puños para vencer a los malos.  
Sobre eventos en mi infancia que marcaron parte de mi personalidad, uno de ellos es cuando una de mis hermanas me contaba cuentos; en ese entonces yo creía que ella los había inventado, años después, descubrí esas historias en mis libros de texto de primaria; el que me encanta rememorar es la historia de una niña que tenía un ojo en el dedo y mi hermana hacía la pantomima con él, otro de los cuentos es “La Plapla”, en ese ella abrió un libro y me platicó de la letra que bailaba por todas las páginas. Estoy segura que por ella y la forma en que me las narraba  comencé a amar la lectura.
Rememorar la infancia, siempre lleva a la nostalgia, a veces es posible repetir esas aventuras cuando se tienen niños pequeños, hijos o sobrinos, pero no es lo mismo, porque ellos, a su vez, tienen también sus propios héroes y aventuras, es entonces que sólo nos queda ser testigos participantes y no los protagonistas.
Cada persona en el mundo tiene guardada su infancia, de la manera que la haya vivido, eso lo ha marcado para ser el adulto de hoy.  A veces escucho la frase “todos tenemos un niño en nuestro interior”, yo no tengo conocidos que sean ejemplo del esa frase, por eso para mí eso es una falacia, la vida real, la cotidianidad va aniquilando la inocencia y la diversión infantil.
Sin embargo, he logrado conservar algo de mi niñez: la capacidad de asombro. Procuro con todo mi corazón conservar esa emoción y atesorarla, porque pienso que es una parte valiosa que me ayuda a seguir resistiendo la cruel realidad de cada día.

Siempre considero que la infancia, de la manera que se haya vivido, marca al adulto que vive hoy.

Rincón de la poesía: Fantasmas - Sivela Tanit

Los fantasmas llegan para susurrar al oído los secretos del viento.

Hoy abandono mi cuerpo a sus palabras.

El recuerdo invade mi cabello con la caricia de tus manos, ellas ya no bajan a mi cuerpo.

Hoy el fantasma del infinito muestra su sabia cara de silencio.

Olvidarte no es mi destino… giro alrededor de los sonidos de tu voz.

Una y otra vez los fantasmas apuñalan mi corazón.

Hoy muere tu cariño por mí. Me ordenaste vivir lejos de ti.

Abriste el camino de los fantasmas adoloridos que susurran secretos en el viento.

Giro en el ciclo infinito…