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Fragmento de un diario - Amparo Dávila

[JULIO Y AGOSTO]

lunes 7 de julio
Mi vecino el señor Rojas pareció sorprendido al encontrarme sentado en la escalera. Seguramente lo que llamó su atención fue la mirada, notoriamente triste. Me di cuenta del vivo interés que de pronto le desperté. Siempre me han gustado las escaleras, con su gente que sube arrastrando el aliento, y la que baja como masa informe que cae sordamente. Tal vez por eso escogí la escalera para ir a sufrir.

jueves 10
Hoy puse gran empeño en terminar pronto mis diarias tareas domésticas: arreglar el departamento, lavar la ropa interior, preparar la comida, limpiar la pipa… Quería disponer de más tiempo para elaborar los programas y escoger los temas para mi ejercicio. Es bastante arduo el aprendizaje del dolor, gradual y sistematizado como una disciplina o como un oficio. Mi vecino estuvo observándome largo rato. Bajo la luz amarillenta del foco, debo parecer transparente y desleído. El diario ejercicio del dolor da la mirada del perro abandonado, y el color de los aparecidos.

sábado 12
De nuevo cayó sobre mí la mirada insistente y surgió la temida pregunta del señor Rojas. Inútil decirle algo. Dejé que siguiera bajando entre la duda. Yo continué con mi ejercicio. Cuando oí pasos que subían, un estremecimiento recorrió mi cuerpo. Los conocía bien. Las manos y las sienes comenzaron a sudarme. El corazón daba tumbos desesperados y la lengua parecía un pedazo de papel. Si hubiera estado en pie me habría desplomado como un títere. Sonrió al pasar… Yo fingí que no la veía. Y seguí con mi práctica.

jueves 17
Estaba justamente en el 7.º grado de la escala del dolor, cuando fui interrumpido cruelmente por mi constante vecino que subía acompañado por una mujer. Pasaron tan cerca de mí que sus ropas me rozaron. Quedé impregnado del perfume de la mujer, mezcla de almizcle y benjuí, viscoso, oscuro, húmedo, salvaje. Llevaba un vestido rojo muy entallado. La miré hasta que se perdieron tras la puerta del departamento. Hablaban y reían al subir la escalera. Reían con los ojos y con las manos. Eran pasión en movimiento. Cerrados en sí mismos ni siquiera me vieron. Y mi dolor tan puro, tan intelectual, quedó interrumpido y contaminado en su limpia esencia por una sorda comezón. Sensaciones pesadas y sombrías descendieron sobre mí. Aquella dolorosa meditación, producto de una larga y difícil disciplina, quedó frustrada y convertida en miserable vehemencia. ¡Malditos! Golpeé con mis lágrimas las huellas de sus pasos.

domingo 20
Fue un verdadero acierto graduar el dolor, darle categoría y límite. Aun cuando hay quienes aseguran que el dolor es interminable y que nunca se agota, yo opino que después del 10.º grado de mi escala, solo queda la memoria de las cosas, doliendo ya no en acción sino en recuerdo. Al principio de mi aprendizaje creí que era oportuno ir en ascenso, en práctica gradual. Bien pronto comprobé que resultaba muy pobre una experiencia así. El conocimiento y perfección del dolor requiere elasticidad, sabio manejo de sus categorías y matices, y caprichoso ensayo de los grados. Pasar sin dificultad del 3.º al 8.º grado, del 4.º al 1.º, del 2.º al 7.º y, después, recorrerlos por riguroso orden ascendente y descendente… Me apena interrumpir esta interesante explicación, pero hay agua bajo mis pies.

lunes 21
A primera hora llegó el dueño del edificio. Yo aún no acababa de secar el departamento. Gritó, manoteó, dijo cosas tremendas. Acostumbrado como estoy a sufrir injusticias, necedades y mal trato, su actitud fue solo un reflejo de otras muchas. Se necesitaría de un artista auténtico para conmoverme, no de un simple aprendiz de monstruo. No le di la menor importancia. Mientras gritaba, me dediqué a cortarme las uñas con cuidado y sin prisa. Cuando terminé, el hombre lloraba. Tampoco me conmovió. Lloraba como lloran todos cuando tienen que llorar. ¡Si hubiera llorado como yo, cuando llego a aquellas meditaciones del 7.º grado de mi método, que dicen…!

sábado 26
Con toda humildad confesaré que soy un virtuoso del dolor. Esta noche, mientras sufría hecho un nudo en la escalera, salieron a mirarme los gatos de mis vecinos. Estaban asombrados de que el hombre tuviera tal capacidad para el dolor. Apenas noté su presencia. Sus ojos eran como teas que se encendían y se apagaban. Debo haber llegado con toda seguridad al 10.º grado. Perdí la cuenta, porque el paroxismo del dolor, así como el del placer, envuelve y obnubila los sentidos.

miércoles 30
Estoy tan sombrío, tan flaco y macilento, que a veces cuando algún desconocido sube la escalera, enloquece al verme. Yo estoy satisfecho con el aspecto logrado. Es fiel testimonio de mi arte, de su casi perfección.

domingo 3 de agosto
No sé cómo, ni con qué palabras describir lo que hoy pasó. Aún tiemblo al recordarlo. Fue hace unas horas y no salgo de la sorpresa. El remordimiento que tanto practico ahora cobra novedad y me ha convertido en su presa. Es como si lo hubieran creado justamente cuando yo dominaba la escala completa. Cuando era todo un artista. He caído en un error imperdonable, fuera de oficio, inaudito y funesto. Si una sola vez hubiera dejado de practicar las disciplinas que este arte exige, diría que era la consecuencia lógica, pero he sido observante, fiel…

jueves 7
No sé si podré salir de esta funesta prueba. Hoy trabajé tres horas seguidas (lo cual es agotador y excesivo) en el 6.º grado de mi escala, el más indicado para casos como este. Sufrí como nunca, tanto que los vecinos me recogieron desmayado al pie de la escalera. Aquí, bajo los vendajes, está la sangre coagulada. Las carnes abiertas. Tendré que aumentar o incluir como variedad del 5.º grado, este de las heridas reales. No se me había ocurrido antes, quizá fue una inspiración divina esta caída de la escalera. Un abrir los ojos a nuevas disciplinas.
 
martes 12
No he podido olvidar. Quizá sea castigo a mi soberbia, pues empezaba a sentirme seguro, a soñar que manejaba el oficio con maestría. Lo escribí el sábado 26 de julio. ¡Fatal confesión, las palabras traicionan siempre y se vuelven contra uno mismo! ¡Si solo lo hubiera pensado! He tenido que practicar hasta el agotamiento los grados 6.º y 9.º, dos horas cada uno. Después tuve que huir precipitadamente a mi departamento, por temor de que aquello volviera a suceder.

viernes 15
¡Otra vez sucedió! Cuando el último sol de la tarde bañaba los peldaños de la escalera. Siento su mano aún entre mis manos que le huían. Su mano tibia y suave. Dijo algo, yo no la oía. Sus palabras eran como bálsamo sobre mis llagas. No quise saber nada. Me estaba prohibido. Pronunciaba mi nombre. Yo no la escuchaba. Mis esfuerzos, mis propósitos y todo mi arte se estrellarían ante su mirada de ciervo, de animal dócil. El arte es sacrificio, renuncia, la vocación es vital, marca de fuego, sombra que se apodera del cuerpo que la proyecta y lo esclaviza y consume… ¡Ni siquiera una vez volví la cabeza para mirarla!

lunes 18
Me arranqué las vendas y la sangre dejó su huella en la alfombra. También sangro interiormente. Recuerdo la tibieza de sus manos. Esas manos que quizás ahora mismo acarician otro rostro. Por primera vez en mucho tiempo no salí a sentarme en la escalera, temía que llegara en cualquier momento. Temía que dispersara mi dolor con su sola presencia.
 
sábado 23
En la mañana vino el señor Rojas. Pensó que algo me había sucedido al no verme en mi acostumbrado rincón de la escalera. Me trajo unas frutas y un poco de tabaco; sin embargo, sospecho que no es sincero en su preocupación. Hay algo secreto y sombrío en su actitud. Quizás intenta comprar mi silencio, yo he visto a las mujeres que mete en su departamento. Quizás quiere…
 
martes 26
Junto a la puerta cerrada, para sentirme más cerca de la escalera, practiqué el 4.º y el 7.º grados. Oí sus pasos que se detenían varias veces, del otro lado. Sentí el calor de su cuerpo a través de la puerta. Su perfume penetró hasta mi triste habitación. Desde afuera turbaba mi soledad violentando mis defensas. Comprendí entre sollozos que la amaba.
 
viernes 29
La amo, sí, y es mi peor enemiga. La que puede terminar con lo que constituye mi razón de ser. La amo desde que sentí su mano entre mis manos. Si yo fuera un individuo común y corriente, como el señor Rojas o como el dueño del edificio, me acostaría con ella y sería el náufrago de su ternura. Pero yo me debo al dolor. Al dolor que ejercito día tras día hasta lograr su perfección. Al dolor de amarla y verla desde lejos, a través de una cerradura. La amo, sí, porque se desliza suavemente por la escalera como una sombra o como un sueño. Porque no exige que la ame y solo de vez en cuando se asoma a mi soledad.

domingo 31
Si solamente fuera el dolor de renunciar a ella sería terrible, ¡pero magnífico! Esta clase de sufrimiento constituye una rama del 8.º grado. Lo ejercitaría diariamente hasta llegar a dominarlo. Pero no es solo eso, le temo. Son más fuertes que mis propósitos su sonrisa y su voz. Sería tan feliz viéndola ir y venir por mi departamento mientras el sol resbalaba por sus cabellos… ¡Eso sería mi ruina, mi fracaso absoluto! Con ella terminarían mis ilusiones y mi ambición. Si desapareciera… Su dulce recuerdo me roería las entrañas toda la vida… ¡oh inefable tortura, perfección de mi arte…! ¡Sí! Si mañana leyera en los periódicos: «Bella joven muere al caer accidentalmente de una alta escalera…».

Siete horas - Dezohara Bollstadt

Tenía que tomar un vuelo de siete horas, era una travesía larga, salía en la madrugada de mi lugar de origen y llegaría al atardecer a ese nuevo lugar. Estaba emocionada, era mi primer viaje tan largo. Había consultado con todos mis amigos sobre consejos de viaje. La mayoría coincidía que durmiera, pero no me convencí, uno de ellos me dijo que leyera. Cuando el avión ya estuviera en el cielo podría leer una novela, pero no quería llevar más peso en mi maleta de mano, porque las políticas de la línea aérea son rigurosas. Así que me recomendó un libro electrónico.

Un par de días antes de mi vuelo, busqué alguna novela electrónica, pero todas se me hacían muy largas, hasta que ese amigo me recomendó leer artículos de revistas, comencé a buscar algunos y me decidí por uno que tenía historias pequeñas, ligeras y cómicas.

El día de mi viaje estaba emocionada, estaba atenta a todas las pequeñas instrucciones para el abordaje, las maletas, el peso, el boleto, el pago extra, el asiento…

Luego de un poco de estrés por toda la burocracia para poder viajar, estaba sentada en mi lugar. Me dieron el asiento al lado de la ventana, cerca a la salida de emergencia. A mi lado se sentó una pequeña anciana, su tamaño parecía el de una niña de 7 años, me saludó muy formal y fueron todas las palabras que salieron de ella en todo el viaje.

En el vuelo comencé a leer la revista electrónica y encontré un cuento, no era tan largo, tendría como 10 párrafos máximo, comencé a leer la primera línea: “Soplaba el viento del Norte y de él fluía rojos y dorados los últimos días del otoño.”

Nunca he sido buena leyendo, pensé que tardaría 10 minutos, pero no entendía nada, levantaba la vista, volvía a la línea, avanzaba, me daba cuenta que seguía sin comprender. Leí el segundo párrafo, no era un autor para mí.

¿Por qué seguí leyendo? Sí lo publicaron en una revista seguro era bueno, repetí el párrafo.

¿Qué dijo?

Regresé, me harté, pasé al tercer párrafo.

¿Y si le hago como dicen en la escuela? Leí todo de corrido sin pensar y luego lo leí con calma.

Pasé todos los párrafos y regresé… avancé: “Criaturas Silvestres en la noche magnífica; y la pequeña Criatura Silvestre anheló tener alma e ir a venerar a Dios.” y luego traté de comprender, no entendí.

¿Por qué leía eso?

¿Qué necia obstinación me llevó a seguir con algo que no está escrito para mí?

No recuerdo tener nada en común con lo que se contaba. No entiendo porqué seguí en aquello, no lo comprendo.

Seguí leyendo, llegué al final.

¿Qué me dejó?

 ¿Qué pasó?

 Releí: “Y vinieron por bandadas durante toda la noche hasta formar una gran multitud y se alejaron danzando por sobre los marjales.” ¿Todo fue un baile? ¿fue un personaje interesante?

No entendí nada, pero eso no importa, porque el vuelo había concluido, olvidaré lo que ha pasado.

Ahora estoy en espera de mi auto rentado y sé que cuando me pregunten por el viaje, diré: me quedé dormida. No voy a reconocer que pasé siete horas tratando de entender una historia.


Infancia - Dezohara Bollstadt

 Siendo adulto uno tiene en su memoria muchos recuerdos y eventos que marcaron su infancia. Una de las primeras remembranzas son los juegos y los amigos, las aventuras y las travesuras. Siempre se queda en la memoria aquello que nos divertía y que sabemos, ahora de adultos, no regresarán.
A veces, como padres, deseamos que nuestros hijos tengan una infancia más feliz que la nuestra y que se diviertan tanto como nosotros con las cosas que nos gustaban, pero como gente mayor, observamos que los niños son diferentes, porque han nacido bajo otras circunstancias familiares, económicas y sociopolíticas que influyen en su precepción del mundo.
Yo disfrutaba mucho mojarme bajo el menor pretexto, a veces hasta cuando mamá regaba las plantas. También me gustaba mucho disfrazarme de héroe, mi favorito era el personaje de “El zorro”, me fascinaba usar una capa roja de estambre de mi mamá y  saltaba por la cama y los muebles, usando un práctico látigo imaginario y mis puños para vencer a los malos.  
Sobre eventos en mi infancia que marcaron parte de mi personalidad, uno de ellos es cuando una de mis hermanas me contaba cuentos; en ese entonces yo creía que ella los había inventado, años después, descubrí esas historias en mis libros de texto de primaria; el que me encanta rememorar es la historia de una niña que tenía un ojo en el dedo y mi hermana hacía la pantomima con él, otro de los cuentos es “La Plapla”, en ese ella abrió un libro y me platicó de la letra que bailaba por todas las páginas. Estoy segura que por ella y la forma en que me las narraba  comencé a amar la lectura.
Rememorar la infancia, siempre lleva a la nostalgia, a veces es posible repetir esas aventuras cuando se tienen niños pequeños, hijos o sobrinos, pero no es lo mismo, porque ellos, a su vez, tienen también sus propios héroes y aventuras, es entonces que sólo nos queda ser testigos participantes y no los protagonistas.
Cada persona en el mundo tiene guardada su infancia, de la manera que la haya vivido, eso lo ha marcado para ser el adulto de hoy.  A veces escucho la frase “todos tenemos un niño en nuestro interior”, yo no tengo conocidos que sean ejemplo del esa frase, por eso para mí eso es una falacia, la vida real, la cotidianidad va aniquilando la inocencia y la diversión infantil.
Sin embargo, he logrado conservar algo de mi niñez: la capacidad de asombro. Procuro con todo mi corazón conservar esa emoción y atesorarla, porque pienso que es una parte valiosa que me ayuda a seguir resistiendo la cruel realidad de cada día.

Siempre considero que la infancia, de la manera que se haya vivido, marca al adulto que vive hoy.

El vivo al gozo - Dezohara Bollstadt

Hoy asistí al funeral de un conocido, ni siquiera era amigo cercano, así, apartada del evento, pude observar el comportamiento de las personas.

En principio el amigo que me avisó necesitaba de compañía y me “invitó”; en ese caso no me pude negar, porque me lo pidió: “Acompáñame”. Moví mis “principios” de amistad y fui con él, para esto debo decir que ODIO, con mayúsculas, ir a funerales y mucho menos asistir al entierro. Son eventos que no puedo sobrellevar.

Cuando pasé por mi amigo a su casa, no le di el pésame, sólo lo abracé y nos fuimos al velatorio. El conocido era su primo, creció con él, eran casi de la misma edad. El primo se convirtió en difunto por quedarse dormido cuando conducía su auto.

Mi amigo al que bautizaré Pablo, siempre se quejaba de su primo por ser necio y meterse en problemas, pero se divertía mucho con él, porque era “el alma de la fiesta”. La mamá de Pablo, lo detestaba, era una mala influencia para su hijo: vago, flojo, sin trabajo fijo y ella sabía que usaba drogas. La mamá del difunto protestaba porque no aportaba dinero a la casa, sólo generaba gastos, basura y quehacer.

En general lo que yo escuchaba sobre el primo, era disgusto y resentimiento, pero ¡se murió! y todos, comenzaron a dibujarle una vida ficticia, lo describían como una maravillosa persona: apoyaba a su familia, siempre estaba para sus amigos, era alguien confiable, responsable, trabajador, excelente novio y hubiera sido el padre perfecto. (La novia anunció su embarazo en el funeral)

Como dije, no traté al fallecido y al estar presente ante esas declaraciones, me sacaron de mi balance, ¿eso era hipocrecía?  ¿era un homenaje bizarro? No entendí por qué cambiaban sus testimonios, ¿amabilidad? ¿conformismo? ¿un perdón? ¿una extraña muestra de bondad?. Siempre he pensado que si no tienes nada bueno que decir, no digas nada, pero hay un gran paso de guardar silencio a mentir.

Y comencé a cuestionar ¿eso pasa en todos los funerales? El ser más despreciable ¿será glorificado al morir? El único honesto fue Pablo, no dijo nada. Al final lo acompañé a su casa, cenamos y platicamos de cosas vanales, pero mi curiosidad pudo más que la prudencia y le pregunté sobre sus sentimientos hacia su primo.

Me despedí y llegue a mi casa.

Ahora pienso que a los muertos hay que dejarlos descansar en paz. Decir cosas buenas sobre el fallecido puede ser para aliviar culpas o para quitar lo malo de su personalidad y tener un bonito recuerdo de él; sin embargo, todo eso no alivia el hecho de que la familia debe enfrentar de cerca a la muerte.

La respuesta de Pablo me quitó las telarañas de la mente sobre los velorios, me dejó ver la realidad y me hizo plantar los pies sobre la tierra, él sólo me dijo: “El muerto al pozo y el vivo al gozo”.

Día de las madres - Dezohara Bollstadt

El día de las madres, desde mi perspectiva, es un día bastante hipócrita. Porque todo se hace con la intención de festejo por la madre, pero yo miro más allá, los 364 días restantes.

Hace muchos años leí que una mujer amaba tanto a su madre, que cuando ésta murió, luchó porque se instaurara el día de las madres, su batalla fue ganada, los primeros años todo estuvo bien hasta que esta misma mujer se dio cuenta que ese día era muy comercial, las empresas se había adueñado de la festividad y vendían cientos de productos en nombre de la madre. Entonces ella sintió que su mamá volvía a morir y luchó para que se quitara, sin embargo, esa guerra sí la perdió.

Los regalos para las madres, casi siempre eran electrodomésticos, por fortuna, a esa costumbre se le han añadido objetos personales: celulares, joyas, flores, vestidos, zapatos; o invitaciones a comer o paseos; por supuesto nunca faltan las “fiestas” para ella en su casa.

Los electrodomésticos y las “celebraciones” caseras son los “presentes” que yo considero, más repulsivos, el primero porque no dejará de ser la “ama de casa” eterna y el segundo porque a veces se desvirtúa y termina en fiesta de borrachos, además es seguro que la mamá termine limpiado los restos de la fiesta al día siguiente. 

Ya han pasado algunos días de ese evento y es cuando me gusta reflexionar, ¿cambió la vida de esa mamá? ¿Sus hijos le ayudaran al quehacer el resto del año? ¿La invitaran a pasear (al menos) una vez al mes? ¿Le comprarán ropa, zapatos y no porque los necesite, sino por gusto? ¿Hay una acción significativa para que su pesada tarea de ser madre sea más ligera y soportable?

En mi país la figura de la madre tiene un peso psicológico muy fuerte, por supuesto, es sólo y exclusivo de la propia mamá, porque cualquier  otra mujer, sin importar si es madre o no, es infravalorada. No obstante, de ese poder psicológico materno, no siempre es bien tratado, sólo se le desempolva en una ocasión y vuelve al armario al día siguiente.

Y me encanta la parte del “yo no hago eso”, “yo respeto a mi mami”, “yo la ayudo”, “yo le doy dinero”, etc. El Yoísmo en acción, felicidades, si eso hace que se laven las culpas.

Para mí el día de las madres es un día para reflexionar.

Desearía que las mujeres que cada mujer sea respetada por todos, los 365 días del año,  que sus quehaceres del hogar sean repartidos entre todos los miembros de la familia, que no sean el exclusivo sostén económico de sus hogares, que tengan tiempo para ellas, que sean inteligentes y busquen otras metas en la vida aparte de tener hijos, quiero de todo corazón que pudieran educar a un nuevo tipo de ser humano que sea solidario, caritativo, filantrópico, altruista, compasivo…

Anhelo que las madres fueran mejor de lo que son para que la sociedad logre cambiar y convertirse en la mejor versión de sí misma.

Eso es parte de lo que pienso en el día festivo. Que las madres hicieran eso, sería sensacional. Entonces ya no habría necesidad de esperar ansiosamente el día de la madre, porque  construir a una o varias personas para que desarrollen la benevolencia de la humanidad, sería motivo para festejarlas todo el resto de su vida.

Abejas - Dezohara Bollstadt

 Hace mucho tiempo tuve un día que he nombrado “De abejas” recuerdo trabajar en mi estudio, mientras me concentraba en mis clases on-line, escuchaba un zumbido en la ventana, no le presté atención, pensé que una mosca grande se había metido a la habitación y se golpeaba contra el vidrio.

Por supuesto que se me hizo extraño que ninguno de mis tres gatos estuviera tratando de cazarla, siempre lo hacen, cualquier bicho, hormiga, araña, mosca, etc., siempre están al acecho.

Mucho rato después vi de reojo que la "mosca" pasaba cerca de mi cabeza, la miré de fijo cuando se atravesó frente a la pantalla de la computadora y no vi una mosca, sino una abeja volando sobre mí, me sorprendió un poco, pensé en abrir completo el vidrio de la ventana para que solita se saliera, sin embargo, vuelvo la cara a la ventana y hay como diez abejas ¡por dentro!

Fue el mayor susto de mi vida, sé manejar una abeja, ni caso hago, pero cuando vi que eran un puñado, me asusté.

Lo primero que hice fue agarrar a Orión, mi gato que dormía plácidamente sobre mi teclado y lo encerré en mi cuarto. Luego realicé una llamada de pánico a mi esposo para que me tranquilizara. Él me dio consejos precisos.

Abrí casi todas las ventanas de la casa,  cerré la del estudio para que no se siguieran metiendo abejas, por fortuna sólo me quedé atrapada con tres. Eso fue un alivio, por fortuna una de ellas se salió solita por otra ventana próxima y las otras dos las tuve que, pacientemente, esperar a que se quedaran quietas y atraparlas en un envase. Las pude sacar por la ventana del baño...

Me asusté, no soy alérgica a ellas, pero prefiero mantener un respetuoso espacio entre ellas y yo.

Ahora sé que les llamó la atención el aroma de una dulce vela de uva.

Jamás volveré a prenderla durante el día.

Nuevas reglas de física - Dezohara Bollstadt

Hace tiempo tenía un vecino al que calificaría de controlador. Hoy lo recordé por un evento singular.
Este vecino a primera vista, era acomedido, amable y su eslogan era: “yo me llevo bien con todos”, por supuesto, quienes lo trataban únicamente en fiestas o de pasada, era el personaje más encantado de la historia, pero yo, que lo trataba diario, logré ver su “lado oscuro”.
Era tan controlador que si te prestaba cosas tenías que usarlas de la manera como él dijera o se enojaba; si tomabas un DVD o CD por curioso, debías dejarlo en el orden alfabético que él tenía; al colgar la ropa los ganchos o pinzas debían estar a cinco cm. de distancia uno de otro; aparte de muchas otras cosas, tenía teorías que desafiaban la física.
A mi directamente me dijo que el aceite se hundía en el agua. Lo cual me causaba un golpe a mi realidad, sobre todo por mis clases de ciencia donde estudiábamos la densidad y con mis propios ojitos vi que siempre flotaba el aceite sobre el agua.
Un día, me vio en el patio en proceso de lavar la ropa y él en su hábito de controlar todo, me “enseñó” a usar mi lavadora. Él lavaba su ropa, que era una carga pesada, en el ciclo de carga pequeña y el día de mi “lección de lavado” descubrí que no era por un espíritu ambientalista, sino y cito: “si le echas la mitad del agua, la ropa se seca más rápido”.
Todavía sigo sin entender la frase, quiere decir que ¿su ropa no absorbe la misma cantidad de agua que la del resto del planeta? Cabe decir que su ropa siempre se mantiene sucia aun cuando acaba de ser lavada. Pero él siempre ha de hacer lo correcto.
Todo esto vino a mi memoria porque hoy en una tienda de regalos un pequeño de cinco años le preguntó a su madre ¿por qué el fuego flota? Con referencia a unas velas flotantes, encendidas, que la vendedora tenía sobre el mostrador…
La pregunta es curiosa en un pequeño… pero en un señor de 50 años... me deja un amargo sabor de boca.

Responsabilidad - Dezohara Bollstadt

Hace muchos años vi una película “The Craft”, que en español la titularon  “Jóvenes Brujas” lo que me gustó de ella es una cita que en ingles dice: “When you open a floodgate, how do you undo it? You unleash something with a spell. There is no undoing. It must run its course.” Pero en español hicieron la traducción: “La compuerta que abres no la puedes volver a cerrar, porque ¿Cómo detienes toda el agua que sale de ella?”.

La idea en general habla sobre las acciones y la responsabilidad.

Siempre he sido partidaria de asumir las consecuencias. Y he notado que no todos los que conozco pueden hacer eso, algunos tienen acciones y piensan que pueden ir por la vida sin recibir una repuesta, eso me asombra, lo inocente que las personas pueden ser, o lo ególatras, al pensar que eso no les pasa a ellos.

Sea cual sea la acción realizada, hay una consecuencia. Aunque me gustaría diferenciar el concepto “consecuencia” de “justicia”. A veces, una persona que es observadora de eventos negativos, espera que el infractor sea castigado y debido a la falta de legalidad en mi país, eso jamás pasa. Sin embargo, sí creo que obtendrá un efecto bumerang, y el testigo quizás nunca lo vea, pero siempre está allí, de una u otra forma las acciones tienen peso.

Para ejemplo, un botón: Tengo un vecino que viví solo con su hija, él aparenta tener 50 años y es taxista, su hija ya es adulta y trabaja. El dilema con este señor, es que todos los días se quejaba con su hija de todo lo que le pasaba en el día: sus clientes que le ensuciaron el auto, que le descotaron, que no traía cambio, el vecino que lo despertó temprano, el otro vecino que no le baja el volumen a su música, la persona que nunca barre la calle, cualquier cosa le afecta. En mi opinión es un personaje que “Hasta lo que no come le hace daño”.

Por años estuvo en ese ritmo, hasta que la hija se hartó, se buscó su propio lugar y se fue, sé que lo quiere, le pasa dinero y comida, pero me enteré que ella le advirtió sobre sus quejas, no quiere saber nada, lo que le pase es problema de él y no está dispuesta seguir escuchándolo.

Él es un señor que pudo estar acompañado hasta el día de su muerte, ahora está sólo y él debe visitar a su hija porque ella no regresa.

La vida tiene diversidad de formas para retornar nuestras acciones y lo mejor es que no siempre son como las esperas. Quizás es por eso que muchas personas piensan que no pasa nada, que no hay “castigo” o “recompensa”.

Si eres un testigo, debes ser observados y paciente; si eres un actor de la acción, ten cuidado con lo que haces o dices, todo se regresa sea positivo o no, el bumerang de la vida nunca se rinde.