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Visión del futuro remoto - María Covadonga Mendoza

 La tierra está seca, áspera al tacto del único ojo del cielo, que quema con su furia la arena estéril; las huellas de la vida han sido borradas por el aliento de la desolación.  A lo lejos, se distinguen las ruinas de atalayas centenarias que hace tiempo doblaron la testuz de piedra, trastornadas por el abandono. El aire cala sus restos muertos en vano intento por resucitarlas. No hay movimiento, ni sonido alguno.  En torno a ellas pulula un gran número de seres invisibles, pálidos recuerdos de existencia, señal inequívoca del paso de la muerte. Rondan las jambas derribadas, saltan los muros, dan vueltas alrededor de lo que en otro tiempo fue su hogar. No tienen memoria, e ignoran qué les lleva a volver una y otra vez a aquel sitio donde ya no les recibe nadie.  Quieren gritar pero carecen de garganta; o llorar sobre las fosas donde aún reposan sus huesos, pero han sido privados de ojos. Permanecen en un estado de eterna ignorancia y eterna esperanza; separados tant...

Llorando silencio - Eduardo Vaquerizo

No quedaba futuro. Se había agotado entre las dunas amarillas, gastado en intentar arraigar árboles de los que nada quedaba, en crear mares convertidos ahora en inmensas salinas, en criar ciervos que pastasen en llanuras mojadas por la lluvia. No quedaba futuro. Todo el que tenía lo sentía escurrirse entre los dedos, cada milisegundo un granito de arena cosquilleando su piel, resbalando por ella hasta que el viento se lo llevaba. Lo dejaba irse, ¿qué hubiera podido hacer? Solo levantar la cabeza y sentir el desgarrador brillo violeta del sol, una lluvia de radiación desnuda cayendo desde un cielo azul, límpido como la superficie de un metal pulido. Se movió arrastrando los pies, creando surcos paralelos en el polvo amarillo. Ni siquiera sus huellas durarían, el viento las borraría. La decepción no tenía limites, se sentía tan vacía como aquella planicie que  se prolongaba dentro de su pecho hasta nivelar todos los resquicios, todas las memorias y anhelos.    Hubiera llo...

Como timbres de alarma - Robert Moore Williams

El joven guardián, Ve, estaba muy excitado. Había hecho un descubrimiento de tal magnitud que insistía en informar personalmente a Lor, el guardián jefe de aquel sector del universo. Su superior inmediato le dijo que enviara el informe por conducto regular. - Lor lo recibirá a su debido tiempo - dijo su superior -. Esas cosas no corren prisa. Hazlo sin prisas, y todo saldrá bien. Ve no quiso escucharle. El conducto regular era bueno para los informes rutinarios - nivel de radiación de los diversos soles, paso de cometas, explosiones de supernovas, y cosas por el estilo -, pero aquel informe era importante, demasiado importante para que sufriera un retraso. Apeló al antiguo derecho de todos los guardianes a presentar personalmente sus informes a Lor si, al observar los mundos del espacio, notaban algo anormal. Su superior suspiró. Ve era joven e impetuoso. Ve no había aprendido aún a través de la experiencia que todas las cosas suceden a su debido tiempo, y que, en realidad, e...